Sobreviven grupos criminales en Puebla a la caída de sus líderes
PUEBLA, Pue., 27 de enero de 2026.- En Puebla, el huachicol pasó de practica marginal a problema estructural.
La historia del robo de combustible en la entidad se remonta, de acuerdo a lo investigado hemerográficamente por Quadratín Puebla, a décadas atrás y refleja la transformación de una práctica clandestina local en un fenómeno delictivo de alcance estatal y nacional.
Con el paso del tiempo, el huachicol —extracción ilegal de gasolina y diésel— y posteriormente el huachigas —robo de gas LP— se consolidaron como actividades criminales persistentes, ligadas a bandas organizadas, disputas territoriales y una violencia que ha marcado a diversas regiones del estado.
Los primeros registros documentados de robo de hidrocarburos en Puebla datan de finales de la década de 1970.
En 1978, según lo indagado, autoridades recibieron denuncias por sustracción ilegal de combustible en ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) en el municipio de Tepeaca, que ahora forma parte del Triángulo Rojo.
Durante los años siguientes, la práctica se mantuvo como una actividad marginal, vinculada principalmente a comunidades rurales ubicadas cerca de la red de ductos, donde la perforación clandestina era vista como una fuente alternativa de ingresos ante la falta de oportunidades económicas.
Durante las décadas de 1980 y 1990 el delito no figuraba entre las principales preocupaciones de seguridad pública.
Sin embargo, el crecimiento de la infraestructura energética y la escasa vigilancia en amplias zonas rurales sentaron las bases para su expansión posterior.
El huachicol comenzó a cambiar de escala a partir de los primeros años del siglo XXI, cuando el valor del combustible robado y su comercialización informal lo volvieron un negocio atractivo para grupos más organizados.
Un punto de quiebre ocurrió en diciembre de 2010, con la explosión de un ducto perforado en el municipio de San Martín Texmelucan, tragedia que dejó decenas de personas muertas y cientos de viviendas afectadas.
El hecho evidenció los riesgos del robo de combustible y colocó el tema en la agenda nacional. A partir de entonces, el número de tomas clandestinas en Puebla comenzó a crecer de manera acelerada.
Entre 2011 y 2015, el estado registró un incremento de más de 90 por ciento en perforaciones ilegales a ductos de Pemex.
En ese periodo se consolidó una región estratégica conocida como el Triángulo Rojo, integrada por municipios como Tepeaca, Acajete, Acatzingo, Tecamachalco, Quecholac y Palmar de Bravo. La ubicación geográfica, el cruce de ductos y la cercanía con vías de comunicación facilitaron la extracción, el traslado y la venta del combustible robado.
Con el auge del huachicol, surgieron bandas locales que profesionalizaron la actividad.
Investigaciones periodísticas y reportes proporcionados por fuentes de seguridad identifican a grupos como Los Bukanas, Los Othones, Los Negros, Los Tláloc y Los Marranos, así como a líderes regionales como Antonio Martínez Fuentes, alias El Toñín, quien se convirtió en uno de los personajes más conocidos del huachicol en Puebla.
Estas organizaciones establecieron redes de vigilancia, almacenamiento y distribución, y en muchos casos recurrieron a la violencia para mantener el control territorial.
A partir de 2018, el reforzamiento de operativos federales y el aumento de la vigilancia sobre ductos de gasolina y diésel provocaron una reconfiguración del delito.
Fue en ese contexto cuando comenzó a cobrar fuerza el robo de gas LP, conocido como huachigas. Aunque esta práctica ya existía de manera aislada, su expansión fue evidente entre 2018 y 2020, cuando Puebla se colocó como el primer lugar nacional en tomas clandestinas de gas.
El huachigas replicó el esquema del huachicol, pero con particularidades propias. La extracción de gas LP implicó riesgos mayores, explosiones frecuentes y un mercado informal amplio, alimentado por la alta demanda doméstica. Municipios como Tepeaca, San Martín Texmelucan, Santa Rita Tlahuapan y San Matías Tlalancaleca se convirtieron en puntos críticos.
A diferencia del huachicol, el robo de gas no estuvo dominado por una sola organización, sino por múltiples células locales, algunas encabezadas por líderes regionales identificados por autoridades estatales y federales.
En los años recientes, el fenómeno no ha desaparecido. Si bien el robo de gasolina muestra una tendencia a la baja respecto a sus picos más altos, continúa activo en zonas del Triángulo Rojo.
En paralelo, el huachigas se mantiene como uno de los principales retos de seguridad, con Puebla concentrando una proporción significativa de las tomas clandestinas de gas LP a nivel nacional.
Las autoridades estatales y federales han desplegado operativos permanentes con participación del Ejército, la Guardia Nacional y fiscalías, logrando decomisos, clausuras y detenciones de presuntos líderes.
No obstante, los reportes oficiales y análisis de organismos civiles coinciden en que se trata de un fenómeno persistente, que se adapta a la presión institucional y se entrelaza con otros delitos como el robo a transporte, la extorsión y el narcomenudeo.




