Hablemos de salud integral
Puebla se seca mientras sus ríos se pudren
PUEBLA, Pue., 4 de mayo de 2026.- El agua subterránea y superficial de Puebla se está agotando y contaminando, y nadie está haciendo nada al respecto. Especialistas pronostican que el estrés hídrico podría acabar con el vital líquido en el estado para 2032.
En Puebla, hasta 2023, el 80 por ciento de las aguas superficiales estaban contaminadas, según la Red Nacional de Medición de Calidad del Agua (Renameca). Además, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, de las seis principales cuencas hídricas de Puebla, tres enfrentan problemas de contaminación: Libres-Oriental, Tecamachalco y Valle de Tehuacán.
Hace un calor insoportable y seguramente muchos ya notamos que el río Atoyac y la presa de Valsequillo desprenden un olor nauseabundo cada vez que pasamos cerca. Y si tenemos la mala suerte de vivir junto a estos cuerpos de agua, a determinadas horas del día el olor resulta todavía más insoportable.
Pero el olor es lo de menos. También está el dolor de cabeza que provoca respirar de manera prolongada el aire alrededor de estos cuerpos de agua tan contaminados.
De acuerdo con investigaciones académicas publicadas en Science Direct y en la revista Global Change Biology, las olas de calor derivadas del calentamiento global elevan la temperatura de las aguas superficiales y generan contaminación térmica al reducir la cantidad de oxígeno, alterar el pH y los nutrientes, además de incrementar el número de bacterias y patógenos, lo que provoca una mayor emisión de bióxido de carbono a la atmósfera.
Cabe mencionar que la contaminación térmica en agua dulce también se genera por actividades de refrigeración industrial y descargas de agua caliente. Science Direct explica que el aumento de uno o dos grados centígrados en el agua puede alterar el crecimiento y la reproducción de algunas especies. Elevar un grado más la temperatura, es decir, llegar a tres grados centígrados, puede provocar que algunos insectos acuáticos disminuyan el número de huevecillos producidos por las hembras, mientras que medio grado más afecta a los peces.
Y es que el calor no sólo está presente en verano; actualmente se siente incluso en invierno. El calor constante favorece la proliferación de bacterias asociadas con patógenos.
Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), 2025 fue el tercer año más caluroso registrado y, en Puebla, el pasado 28 de abril de 2026 la capital alcanzó una temperatura de 35.2 °C, la más alta en los últimos 79 años.
Mayo apenas empieza y el calor seguirá durante todo el mes. Ser conscientes de que el agua se está acabando y que la que queda está contaminada en su mayoría ayuda a dimensionar la gravedad de la situación.
Si Puebla continúa ignorando la crisis hídrica, el futuro no será únicamente de sequías, calor extremo y malos olores, sino de enfermedades, ecosistemas colapsados y una ciudad cada vez más inhabitable. El agua que hoy vemos estancada, contaminada y reducida es también un reflejo del abandono institucional y de una sociedad que normalizó convivir con ríos muertos. La emergencia ya no pertenece al mañana ni a los pronósticos científicos: está ocurriendo frente a nosotros, en el aire que respiramos, en el calor que sofoca y en cada litro de agua que desaparece silenciosamente bajo tierra.




