Filosofía sin escrúpulos
En los últimos años, los medicamentos que actúan sobre el sistema de las incretinas, particularmente los análogos del receptor GLP-1, han cambiado de manera importante la conversación sobre el tratamiento del sobrepeso y la obesidad.
Semaglutida y otros medicamentos de esta familia han demostrado que pueden producir pérdidas de peso clínicamente relevantes y, en determinados pacientes, aportar beneficios metabólicos y cardiovasculares. Pero su popularidad también ha generado una pregunta que considero fundamental: ¿estamos utilizando estas herramientas como parte de un tratamiento integral o las estamos convirtiendo simplemente en una forma rápida de bajar kilos?
La diferencia es enorme.
¿Qué hacen realmente los medicamentos GLP-1?
El GLP-1 es una hormona que participa en la regulación de la glucosa, la saciedad y el vaciamiento gástrico. Los medicamentos que imitan o potencian estas vías pueden disminuir el apetito, aumentar la sensación de saciedad y favorecer una menor ingesta energética. También tienen efectos sobre el metabolismo de la glucosa.
Semaglutida es un agonista del receptor GLP-1. Tirzepatida, por otro lado, actúa sobre dos vías: GIP y GLP-1, por lo que técnicamente no debe considerarse un análogo exclusivamente de GLP-1.
La evidencia clínica es contundente en cuanto a su capacidad para producir pérdida de peso en personas seleccionadas. Por ejemplo, en el estudio SURMOUNT-5, publicado en The New England Journal of Medicine en 2025, adultos con obesidad sin diabetes tratados durante 72 semanas tuvieron una reducción promedio del peso de 20.2% con tirzepatida y de 13.7% con semaglutida.
Pero hay algo que debemos recordar: el promedio de un estudio no es el resultado de cada paciente.
El objetivo no debería ser solamente pesar menos
Aquí está, desde mi perspectiva, uno de los puntos más importantes.
Cuando una persona pierde peso, no necesariamente todo lo que pierde es grasa. También puede disminuir la masa libre de grasa, que incluye músculo, y por eso debemos preguntarnos qué está ocurriendo con la composición corporal y no solamente con el número que aparece en la báscula.
Una revisión publicada en The New England Journal of Medicine en 2026 señala precisamente que, además de los efectos gastrointestinales, con estos tratamientos puede existir pérdida de masa muscular y ósea, y reconoce que todavía existen preguntas importantes sobre la adherencia a largo plazo, la recuperación del peso después de suspender el tratamiento y las consecuencias funcionales de esa pérdida de tejido.
Esto no significa que los GLP-1 sean responsables por sí mismos de una pérdida muscular inevitable. Significa que la preservación de la masa muscular debe formar parte del tratamiento.
Por eso, en un paciente que está perdiendo peso, considero fundamentales aspectos como:
* una adecuada ingesta de proteína;
* ejercicio, especialmente entrenamiento de fuerza;
* una alimentación nutricionalmente suficiente;
* seguimiento de la composición corporal;
* hidratación adecuada;
* y una estrategia individualizada de mantenimiento.
No son medicamentos inocuos ni deben utilizarse sin valoración médica
Como cualquier tratamiento farmacológico, los medicamentos basados en GLP-1 tienen indicaciones, contraindicaciones, interacciones y posibles efectos adversos.
Los síntomas gastrointestinales —como náuseas, diarrea, vómito, estreñimiento y dolor abdominal— se encuentran entre los efectos secundarios más frecuentes de semaglutida. También existen advertencias específicas relacionadas con pancreatitis, enfermedad de la vesícula biliar, deshidratación y determinadas condiciones gastrointestinales, entre otras.
Por ejemplo, la información de prescripción de semaglutida establece que no debe utilizarse en personas con antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides o con síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2.
Esto es precisamente por lo que no considero apropiado que una persona decida utilizar estos medicamentos únicamente porque alguien más tuvo buenos resultados con ellos.
¿Entonces son buenos o malos?
La respuesta no es tan sencilla.
Los GLP-1 no son una “solución mágica”, pero tampoco son medicamentos que debamos demonizar.
Son herramientas terapéuticas.
Y una herramienta puede ser extraordinariamente útil cuando se utiliza en el paciente correcto, con la indicación correcta, la dosis adecuada y un seguimiento apropiado.
Las recomendaciones actuales en el manejo de la obesidad han evolucionado precisamente hacia un modelo más individualizado. La actualización 2025 de la American Association of Clinical Endocrinology plantea un abordaje centrado en la persona, considerando la salud metabólica, las complicaciones relacionadas con la adiposidad y la calidad de vida, además del peso.
Esto cambia la pregunta.
En lugar de preguntarnos:
“¿Qué medicamento baja más kilos?”
deberíamos preguntarnos:
“¿Qué estrategia necesita esta persona para mejorar su salud?”
No existe un tratamiento único para todos
Hay pacientes en quienes la modificación del estilo de vida, la alimentación y el ejercicio pueden ser la base fundamental del tratamiento.
En otros puede ser útil un enfoque low carb o una dieta cetogénica clínicamente indicada.
En determinados pacientes, especialmente cuando existen criterios médicos y metabólicos que lo justifican, un tratamiento farmacológico puede convertirse en una herramienta muy valiosa.
Y también existen personas en quienes necesitamos trabajar simultáneamente sobre alimentación, actividad física, sueño, estrés, salud emocional, metabolismo y tratamiento médico.
No todos necesitan lo mismo.
Por eso considero que el verdadero reto no es conseguir que una persona pierda peso lo más rápido posible. El reto es conseguir que pierda grasa de manera adecuada, preserve músculo, mejore sus parámetros metabólicos y pueda mantener los resultados a largo plazo.
El tratamiento debe adaptarse al paciente, no el paciente al tratamiento
Vivimos en una época en la que las redes sociales pueden convertir un medicamento en una tendencia en cuestión de meses.
Pero la medicina no debería funcionar por tendencias.
La obesidad y el sobrepeso son condiciones complejas que pueden involucrar factores metabólicos, hormonales, conductuales, ambientales, emocionales y sociales. Por eso, el tratamiento también debe ser complejo e individualizado.
Los medicamentos GLP-1 y GIP/GLP-1 representan uno de los avances más importantes que tenemos actualmente para el tratamiento farmacológico de la obesidad. Su eficacia está respaldada por ensayos clínicos y continúan surgiendo nuevas investigaciones.
Pero un medicamento no sustituye una estrategia de salud.
La pregunta no debería ser únicamente cuánto bajó la báscula.
Deberíamos preguntarnos:
¿Cuánta grasa perdió?
¿Conservó su músculo?
¿Mejoró su salud metabólica?
¿Puede mantener los cambios?
¿Está comiendo adecuadamente?
¿Está haciendo ejercicio?
¿Y, sobre todo, este tratamiento sigue siendo el adecuado para ella o para él?
Porque al final, bajar de peso es un objetivo. Recuperar y proteger la salud debe ser el verdadero tratamiento.




