Nada Personal
Las grandes batallas económicas del siglo XXI no siempre se libran en las bolsas de valores ni en las mesas donde se negocian tratados comerciales. Muchas comienzan, de manera silenciosa, en las aulas. Los resultados de la prueba PISA de la OCDE vuelven a colocar a México ante una realidad difícil de ignorar: alrededor del 70% de los jóvenes de 15 años no alcanza el nivel básico en matemáticas, mientras cerca de la mitad presenta rezagos en lectura y ciencias. Más allá de las cifras, el verdadero problema es lo que representan: generaciones que llegarán a un mercado laboral cada vez más tecnológico y competitivo con herramientas insuficientes para enfrentar sus exigencias.
La paradoja resulta evidente. México vive una oportunidad estratégica con el nearshoring, la relocalización de cadenas productivas hacia Norteamérica. Se anuncian inversiones, parques industriales y nuevas oportunidades de empleo, pero existe una pregunta que no puede seguir relegándose: ¿quién ocupará esos puestos cuando la industria demande ingenieros, técnicos, especialistas digitales y trabajadores capaces de resolver problemas complejos?
De nada sirve presumir ubicación geográfica, infraestructura y tratados comerciales si no somos capaces de formar el talento que requiere la economía del futuro. El riesgo es terminar ofreciendo al mundo territorio y mano de obra, pero no suficiente conocimiento. Y entonces la oportunidad del nearshoring podría convertirse en otra promesa incompleta: empleos de menor valor, salarios limitados y una creciente brecha frente a las economías que ya avanzan hacia la automatización, la inteligencia artificial y la manufactura avanzada.
PISA no debe convertirse en un campo de batalla ideológico. Tampoco es una sentencia sobre el futuro de nuestros jóvenes. Es, simplemente, una señal de alerta. Un país que no logra que sus nuevas generaciones comprendan, razonen, calculen y resuelvan problemas está hipotecando su capacidad para competir durante las próximas décadas.
La pregunta, entonces, no es si México tiene jóvenes talentosos. Los tiene. La pregunta incómoda es si el sistema educativo está siendo capaz de descubrir, desarrollar y convertir ese talento en la fuerza productiva que el país necesita.
En este contexto, la apuesta anunciada para 2027 por la Secretaría de Educación Pública, con nuevos materiales de apoyo para matemáticas y lectoescritura y la participación de especialistas del Instituto Politécnico Nacional, representa una oportunidad para mejorar estas competencias. Pero ningún libro, por sí solo, transformará la educación. Se requieren docentes preparados, acompañamiento, evaluación, participación de las familias y políticas públicas capaces de sostenerse más allá de los ciclos políticos.
México todavía está a tiempo. Pero el reloj corre.
El futuro económico del país no se está jugando solamente en las fábricas que queremos atraer. Se está decidiendo hoy, en las aulas que estamos dejando atrás.
Si queremos ser el semillero global de talento que el mundo necesita, primero debemos asegurarnos de que nuestras escuelas sean capaces de cultivarlo.




