Nada personal
En un recuento de nuestras vidas, hay momentos en los que tenemos la sensación de que fuimos utilizados; nos damos cuenta de que hicimos algo a título personal que beneficia a otras personas. Lo hicimos porque ellas lo pidieron. La nobleza de nuestro actuar no permitió darnos cuenta de lo que pasaba: éramos felices de poder ayudar de forma desinteresada, hasta que nos tocó darnos cuenta de que la factura la teníamos que pagar nosotros.
En este recuento de los estragos que vivimos por apoyar desinteresadamente a otras personas, podemos ver que el tiempo juzgó nuestros actos y lo que inició como un favor se volvió recurrentemente en una obligación de la que no podíamos salir. La presión emocional, los chantajes o las victimizaciones de las que éramos objeto doblaban nuestra voluntad hasta que terminábamos diciendo que sí. A pesar de que cada vez era más difícil hacerlo, podíamos poner excusas o tratar de justificar con mentiras que no podíamos sostener, hasta que volvíamos a decir que sí.
¿Te has preguntado por qué te sucede esto recurrentemente? La respuesta es simple: tienes talentos que los demás no encuentran en su ser. Tus habilidades son un faro que ilumina en la oscuridad, atrayendo a las polillas que encuentran en esa luz un lugar seguro. Hay tantas personas que buscan en los demás lo que no pueden conseguir por ellas mismas, que aprovechan los talentos ajenos en su beneficio sin importar las consecuencias que puedan ocasionar. Atacarán la luz una y otra vez hasta que acaben con ella. No hay agradecimiento ni sentimiento de reciprocidad. Al contrario, es envidia basada en la impotencia de no tener los talentos que tú tienes, y a los que, una vez que accedieron, no van a renunciar sin pelear, sin hacer chantajes o incluso ejercer la violencia por mantener el control.
¿Cómo llegamos hasta este momento? De una forma simple: confiamos en quienes no deberíamos. Buscamos la aprobación al demostrar lo que somos capaces de hacer para otros, algo que a veces no hacemos para nosotros mismos. Al final del día, si esto te llegó a suceder, más allá del arrepentimiento o de la culpa, podemos ver entre líneas que tus talentos son únicos. Ahora, el secreto es identificarlos, desarrollarlos y utilizarlos cotidianamente. Te pertenecen a ti solamente, no a los demás. Aprovéchalos para crecer como persona antes de que otros seres quieran aprovecharse de “lo que no pueden tener”.




