Las Batallas
¿Qué pasa realmente con las grandes marcas y el uso del conocimiento ancestral en México?
A lo largo de los años, las poblaciones de nuestro país han conservado y perfeccionado una herencia inigualable, esta riqueza no solo se refleja en la iconografía, tan diversa en cada región, sino también en el uso de colores, telas y técnicas específicas, ya sea para prendas de uso diario o de gala.
Sin embargo, el problema surge cuando grandes firmas comerciales pretenden incluir estos saberes sin dar el crédito correspondiente, o bien, los comercializan con promesas de apoyos a las comunidades que en la práctica nunca se traducen en contratos dignos ni en seguridad social para los creadores.
Ejemplos de apropiación hay muchos, particularmente en el Estado de Oaxaca.
Pero hoy el centro de atención se encuentra en el Muncipio de Naupan, localizado en la Sierra Norte de Puebla, allí, artesanas bordaron y participaron en la creación de una colección espacial de Adidas en colaboración con Someone Somewhere, consistente en siete prendas (con precios que oscilan entre los $1,599 y los $4,999 pesos mexicanos) con motivo del Mundial 2026.
La página oficial de la marca, describe esta línea como un homenaje a los seguidores apasionados y a las tradiciones mexicanas, presumen que las prendas fueron intervenidas a mano por artesanas poblanas en las mangas y el pecho, utilizando diferentes puntadas para lograr una edición única.
Pese a la narrativa oficial, la realidad laboral de las artesanas cuenta otra historia, esta supuesta “participación” no respetó ni la cosmovisión ni la técnica tradicional Nahua; y, al no existir documentos públicos transparentes respecto a las condiciones laborales no detallar el monto real de remuneración directa para las creadoras, el supuesto homenaje se transforma rápidamente en especulaciones de abuso laboral.
Cabe aclarar que las y los artesanos nos son culpables en estas participaciones, al final del día, solo buscan generar ingresos para subsistir.
Para frenar este abuso, los consumidores tenemos un rol crucial al exigir transparencia, las marcas, por su parte, deben transformas de raíz sus modelos de subcontratación, es urgente asegurar que el pago sea conforme al diseño y las horas de trabajo reales, en lugar de esquemas precarios de maquilas.
Asimismo, los contratos deberían celebrarse de manera directa y no, como ocurre en la mayoría de las ocasiones, a través de intermediarios.
Finalmente, el Estado y las organizaciones tienen una tarea pendiente: falta una mayor difusión y capacitación para que todas las comunidades adquieran las herramientas necesarias para gestionar sus saberes, solo así podrán garantizar ingresos directos y evitar que terceras personas se enriquezcan a costa de su identidad.