Columna Descomplicado/Jorge Robledo
Existe una peculiar fijación y debilidad en la política actual por confundir el mapa con el territorio, el significado de las palabras con la realidad y un letrero carretero con la reparación histórica.
La reciente propuesta del Ejecutivo federal -respaldada con entusiasmo por los congresos locales de Puebla y el Estado de México-, hará borrar el histórico “Paso de Cortés” y rebautizarlo como “Paso de los Pueblos Indígenas”, una narrativa gubernamental que prefiere el simbolismo de plástico antes que una verdadera solución de fondo en las comunidades originarias.
El argumento oficial, obedece a que los pueblos originarios caminaron por las faldas del Popocatépetl e Iztaccíhuatl mucho antes que Hernán Cortés pisara estas tierras tras el enfrentamiento en Cholula en 1519 y su paso a Tenochtitlán. Nadie lo niega.
Sin embargo, pretender cambiarle el nombre a un paraje de la alta montaña, equivale a un acto de reivindicación mínimo y un insulto para quienes sufren el abandono real.
Mientras se proyectan jardines y se pretende hacer este cambio, las comunidades de la región y del país entero enfrentan desplazamientos forzados, inseguridad, pobreza, despojo a sus territorios ancestrales por megaproyectos y una crisis ambiental.
Acaso al ser desplazada una comunidad por la inseguridad o la marginación, ¿Recuperará su tierra, agua o su paz, por un letrero que luzca políticamente correcto?
El hambre no se mitiga con adjetivos históricos ni los despojos se revierten con un decreto de tinta oficial.
El ejecutivo aplaude su propia sensibilidad cultural desde la comodidad de un escritorio, inaugurando placas y cambiando nombres en el marco de efemérides, mientas la realidad es otra.
No se necesita tanta creatividad, simplemente se puede retomar el nombre en náhuatl, el cual era Cuauhíchcac (Tajón del águila), históricamente este paso fungió como una ruta comercial utilizada por los pueblos originarios de Chalco, Cholula y Huejotzingo.
Este maquillaje simbólico camina de la mano con la Ley General de Pueblos Indígenas y Afromexicanos, cuyas asambleas regionales y mesas de trabajo terminan el 13 de septiembre y el 12 de octubre de este año, se pretende turnar al Poder Legislativo, esperando que no exista una sobreprotección dogmática de usos y costumbres o en su caso regímenes comunitarios que se blindan jurídicamente por encima de los derechos humanos básicos -como el acceso a la justicia de las mujeres o la cohabitación forzada-.
Finalmente, cambiar “Paso de Cortés” por “Paso de los Pueblos Indígenas” no reparará el pasado ni construirá el futuro.




