Nada Personal
¿LOS MULTIMILLONARIOS ESTÁN FABRICANDO EL PRÓXIMO CRASH DE LA IA?
Por Dr. Adrián Guzmán
Hay una pregunta que empieza a circular con fuerza en torno a la inteligencia artificial:
¿Y si la gigantesca inversión en IA y centros de datos no fuera solamente una apuesta tecnológica, sino una estrategia deliberada para provocar una crisis económica y después comprar activos a precio de remate?
La hipótesis es fascinante.
Pero precisamente por eso debemos analizarla con cuidado.
Después de revisar los argumentos, mi conclusión es bastante clara:
no existe evidencia suficiente para afirmar que los multimillonarios estén coordinadamente diseñando un crash de la IA.
Pero eso no significa que no exista un problema.
De hecho, el problema que veo es quizá más interesante y más peligroso.
La conspiración no es necesaria para producir una crisis
Estamos presenciando una de las mayores oleadas de inversión en infraestructura tecnológica de la historia.
Los grandes hyperscalers están comprometiendo cientos de miles de millones de dólares en centros de datos, GPUs, redes eléctricas, almacenamiento y capacidad de cómputo.
Y detrás de ellos aparece una arquitectura financiera cada vez más compleja:
deuda + private credit + SPVs + contratos de largo plazo + financiación cruzada + expectativas de crecimiento + mercados extremadamente concentrados.
Aquí está el punto que considero fundamental:
no necesitamos una conspiración para crear una burbuja.
Basta con que cada participante actúe racionalmente desde su propia perspectiva.
Microsoft no quiere quedarse atrás.
Amazon tampoco.
Google no puede permitirse perder capacidad.
Meta necesita infraestructura.
Oracle quiere capturar una parte de la nueva economía del cómputo.
Nvidia necesita vender chips.
Los fondos quieren financiar la expansión.
Los gobiernos quieren atraer centros de datos.
Los inversionistas quieren participar en el próximo gran ciclo tecnológico.
Y todos tienen una razón perfectamente racional para seguir invirtiendo.
El problema aparece cuando la suma de decisiones racionales produce un resultado colectivamente irracional.
Eso ya lo hemos visto muchas veces en la historia financiera.
El verdadero riesgo no es la IA. Es el apalancamiento.
Una cosa es decir:
“Estamos invirtiendo demasiado en inteligencia artificial.”
Otra muy diferente es decir:
“Los multimillonarios están intentando provocar deliberadamente una depresión.”
La primera hipótesis merece una discusión seria.
La segunda, hasta ahora, carece de evidencia.
El propio análisis citado estima aproximadamente:
2% de probabilidad de una estrategia coordinada para provocar deliberadamente un crash.
Pero eleva a aproximadamente:
40% la probabilidad de que el exceso de inversión en infraestructura de IA contribuya significativamente a una corrección económica antes de 2030.
Y existe otra cifra que me parece especialmente importante:
75% de probabilidad de que determinados inversionistas estén aceptando conscientemente riesgos elevados porque esperan beneficiarse si aparecen activos en dificultades.
Aquí está la diferencia fundamental:
provocar una crisis ≠ estar preparado para beneficiarse de una crisis.
Y el capitalismo financiero conoce perfectamente la segunda estrategia.
El verdadero experimento económico
Lo que estamos haciendo actualmente es algo mucho más grande que construir ChatGPT, Gemini, Claude o cualquier otro modelo.
Estamos construyendo una nueva infraestructura económica.
Centros de datos.
Plantas eléctricas.
Redes.
Semiconductores.
Sistemas de refrigeración.
Fibra óptica.
Nuevas estructuras de deuda.
Private credit.
SPVs.
Contratos de capacidad.
Y, sobre todo, expectativas.
El mercado está apostando hoy por ingresos que todavía no existen completamente.
Ésta es una característica clásica de las grandes revoluciones tecnológicas.
El ferrocarril transformó el mundo.
Internet transformó el mundo.
Los teléfonos inteligentes transformaron el mundo.
La inteligencia artificial probablemente también lo hará.
Pero una tecnología revolucionaria no garantiza que todas las inversiones realizadas alrededor de ella sean buenas inversiones.
La electricidad cambió el mundo.
Eso no significa que todas las compañías eléctricas fueran buenas inversiones.
Internet cambió el mundo.
Eso no significa que todas las empresas puntocom sobrevivieran.
Y la IA puede transformar radicalmente nuestra economía.
Eso tampoco significa que todos los centros de datos que estamos construyendo hoy tengan sentido económico dentro de diez años.
Hay otro fenómeno que me preocupa todavía más
Existe una palabra que deberíamos observar con mucha atención:
“shadow borrowing”.
Endeudamiento que económicamente funciona como deuda, pero que puede aparecer fuera del balance tradicional de las grandes compañías.
¿Por qué importa?
Porque una economía puede parecer mucho menos apalancada de lo que realmente está.
Y cuando las estructuras se conectan entre sí, aparece un fenómeno particularmente peligroso:
el riesgo de contagio.
Imaginemos una cadena:
Un proveedor de chips vende hardware.
Un operador de centros de datos financia ese hardware.
Una empresa de IA contrata capacidad de cómputo.
Un fondo de private credit financia la infraestructura.
Un banco proporciona líneas de crédito.
Un inversionista compra deuda.
Y todos dependen, directa o indirectamente, de que la demanda futura de IA crezca suficientemente rápido.
Mientras todo funciona, parece una máquina extraordinariamente eficiente.
Pero si las expectativas de ingresos caen abruptamente...
la misma interconexión que aceleró el crecimiento puede acelerar la caída.
Eso es exactamente lo que debemos vigilar.
¿Y qué pasa con los multimillonarios?
Aquí también debemos ser intelectualmente honestos.
Jeff Bezos no es Amazon.
Mark Zuckerberg no es Meta.
Larry Ellison no es Oracle.
Y BlackRock, Blue Owl, PIMCO u otros grandes administradores de activos tampoco están simplemente utilizando “su propio dinero”.
Existe una enorme diferencia entre:
riqueza personal, capital corporativo, capital institucional y capital de los clientes.
Confundirlos alimenta teorías conspirativas que no resisten un análisis financiero serio.
Además existe un problema todavía más elemental.
Si los principales propietarios de las grandes compañías tecnológicas realmente quisieran provocar deliberadamente un colapso del sector...
estarían destruyendo una parte enorme de su propia riqueza.
Las mismas personas que supuestamente provocarían el crash poseen activos profundamente expuestos al éxito de la economía de IA.
Sería una estrategia extraordinariamente complicada:
primero destruir el valor de sus propios activos para después intentar comprar otros activos más baratos.
¿Puede ocurrir?
En teoría, casi cualquier cosa puede ocurrir.
¿Tenemos evidencia de que esté ocurriendo?
No.
Pero existe una amenaza mucho más real
La verdadera pregunta que deberíamos hacernos no es:
“¿Los multimillonarios están provocando el crash?”
La pregunta correcta es:
“¿Quién pagará la factura si el boom de la IA no produce los retornos esperados?”
Porque ahí sí aparece un problema de política económica.
Supongamos que se construyen miles de millones de dólares en infraestructura.
Supongamos que algunas instalaciones quedan subutilizadas.
Supongamos que determinados proyectos fueron financiados con deuda.
Supongamos que los centros de datos presionan las redes eléctricas.
Supongamos que aumenta el precio de la electricidad para hogares y pequeñas empresas.
Supongamos que posteriormente algunos proyectos tienen que reestructurarse.
Entonces debemos preguntar:
¿Quién conserva las ganancias y quién absorbe las pérdidas?
Ésta es, para mí, la pregunta verdaderamente importante.
Porque podemos terminar en un escenario conocido:
privatización de las ganancias y socialización de los costos.
Los inversionistas obtienen los beneficios durante el boom.
Pero los consumidores pagan infraestructura eléctrica más cara.
Los contribuyentes terminan apoyando determinados proyectos estratégicos.
Los trabajadores absorben parte del ajuste.
Los fondos compran activos depreciados.
Y las comunidades locales quedan con infraestructura construida para una demanda que quizá nunca llegó.
No necesitamos una conspiración para producir ese resultado.
Necesitamos simplemente incentivos mal alineados.
La paradoja de la carrera por la IA
Hay además una dinámica que me parece profundamente interesante.
Cada compañía puede tener incentivos para invertir demasiado.
Porque el costo de equivocarse por exceso de inversión puede ser menor que el costo estratégico de quedarse atrás.
Si Google decide invertir menos y Microsoft invierte más, Google corre el riesgo de perder la siguiente generación tecnológica.
Si Meta reduce su inversión y sus competidores continúan, puede perder capacidad competitiva.
Por eso todos corren.
Es una especie de Red Queen effect:
“Tenemos que correr cada vez más rápido simplemente para permanecer en el mismo lugar.”
Y aquí aparece una paradoja:
una industria puede sobreinvertir colectivamente precisamente porque cada empresa está tomando decisiones racionales individualmente.
No hace falta que nadie se reúna en una habitación secreta.
No hace falta una conspiración.
No hace falta un plan maestro.
Sólo hace falta competencia.
Y después viene el dinero inteligente
Ahora bien...
Hay algo que sí considero prácticamente inevitable.
Cuando existen grandes cantidades de capital esperando una dislocación financiera, algunos inversionistas estarán preparados para comprar cuando llegue.
Esto no es conspiración.
Es distressed investing.
Después de la crisis financiera de 2008 vimos cómo grandes fondos adquirieron enormes cantidades de activos inmobiliarios a precios deprimidos.
No significa que esos fondos hubieran causado la crisis.
Significa que estaban preparados para aprovecharla.
Ésta es una distinción que debemos conservar.
El buitre no necesariamente incendió el bosque.
Pero sabe perfectamente dónde aterrizar cuando aparece el fuego.
Mi conclusión
Si tuviera que asignar probabilidades a las tres hipótesis principales, mi lectura sería:
2% — Una coordinación deliberada de multimillonarios para provocar un crash de IA y después comprar activos baratos.
40% — Que el exceso de inversión, apalancamiento y expectativas alrededor de la IA contribuya materialmente a una gran corrección económica antes de 2030.
75% — Que determinados inversionistas estén posicionándose desde ahora para beneficiarse de una eventual crisis o reestructuración.
Pero hay una cuarta posibilidad que me parece incluso más importante:
que nadie esté conspirando y, aun así, terminemos exactamente donde una conspiración habría querido llevarnos.
Ésa es la paradoja.
Un sistema financiero puede generar resultados extraordinariamente concentradores sin que exista un conspirador central.
La combinación de incentivos, competencia, deuda, expectativas y concentración puede producir una dinámica que nadie controla completamente.
Y aquí es donde la conversación sobre IA cambia
Durante los últimos años hemos hablado de inteligencia artificial principalmente como una cuestión tecnológica:
¿Quién tiene el mejor modelo?
¿Quién tiene más GPUs?
¿Quién construye más centros de datos?
¿Quién desarrolla el mejor agente?
Pero la siguiente pregunta será inevitablemente económica:
¿Quién posee la infraestructura de inteligencia?
Y después:
¿Quién controla el capital que la financia?
Y finalmente:
¿Quién asume el riesgo cuando las expectativas no se cumplen?
La IA no solamente está creando una nueva industria.
Está creando una nueva estructura de poder económico.
Por eso debemos mirar más allá del algoritmo.
Debemos mirar el balance general.
La deuda.
La energía.
El suelo.
Los centros de datos.
Los contratos.
El private credit.
Los fondos.
Los gobiernos.
Y, sobre todo, quién queda atrapado cuando el futuro prometido tarda más de lo esperado en llegar.
No creo que exista evidencia seria para afirmar que los multimillonarios estén conspirando para destruir la economía.
Pero tampoco creo que debamos tranquilizarnos demasiado.
Porque una burbuja no necesita conspiradores.
Sólo necesita suficientes personas inteligentes creyendo que esta vez el crecimiento será infinito.
Y si la burbuja eventualmente revienta, la pregunta no será quién la provocó.
La pregunta verdaderamente importante será:
¿Quién comprará el mundo después del crash?




