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Chiltepeque operó 14 años sin planta de lixiviados; activista plantea construir una a contrarreloj
PUEBLA, Pue., 19 de mayo de 2026.- El relleno sanitario de Chiltepeque, clausurado parcialmente por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), operó durante más de 14 años sin una planta de tratamiento de lixiviados, a pesar de que la Norma Oficial Mexicana NOM-083-SEMARNAT-2003 obligaba a contar con ese sistema desde el inicio de operaciones debido a la cercanía del sitio con barrancas y cuerpos de agua.
Así lo denunció en entrevista la activista y ambientalista Verónica Mastretta Guzmán, quien señaló que tanto la empresa concesionaria RESA (Relleno Sanitario S.A. de C.V.) como distintas administraciones municipales y estatales ignoraron durante años la obligación legal de tratar los líquidos tóxicos generados por la basura.
La especialista agregó que desde una inspección realizada en 2012 quedó asentado en bitácoras oficiales que el relleno no contaba con planta de tratamiento de lixiviados. Aunque entonces se prometió instalarla, la obra jamás se realizó.
Actualmente, el manejo de los lixiviados se limita a lagunas de oxidación que ya fueron rebasadas por las lluvias y por la saturación del basurero, situación que derivó en la clausura parcial ordenada por Profepa en mayo de 2026.
Ante este escenario, Mastretta Guzmán consideró que tanto el gobierno como la empresa se encuentran “contra el tiempo” y planteó que la única salida viable es invertir de manera urgente en una planta de tratamiento de lixiviados y en tecnología especializada para contener los desechos tóxicos antes de que el daño ambiental sea irreversible.
La ambientalista explicó que los lixiviados son uno de los residuos más peligrosos de un relleno sanitario porque contienen materia orgánica, metales pesados, amonio y otros contaminantes que no pueden filtrarse al suelo ni descargarse directamente en barrancas o cuerpos de agua.
La NOM-083 establece que los rellenos sanitarios deben contar con sistemas impermeabilizados, drenajes para captar lixiviados y mecanismos de tratamiento como plantas biológicas, físico-químicas, recirculación controlada o sistemas complementarios de evaporación. Sin embargo, en Chiltepeque únicamente existen cinco piletas de almacenamiento y evaporación con geomembrana, insuficientes para manejar el volumen actual de residuos.
Según la entrevistada, la situación se agravó porque el relleno sanitario creció sobre zonas de amortiguamiento y comenzó a recibir cerca de 700 toneladas adicionales de basura provenientes de ocho municipios conurbados que no desarrollaron sus propios sitios de disposición final. En total, la zona metropolitana genera casi 2 mil toneladas diarias de residuos.
Además, acusó que la empresa concesionaria continúa cobrando por una “disposición final” que supuestamente cumple la norma, aunque en realidad no existe un tratamiento adecuado de lixiviados.
Mastretta Guzmán también criticó la falta de políticas de reciclaje y separación de residuos, ya que los camiones compactadores mezclan toda la basura y aceleran la saturación del sitio.
Mientras tanto, Profepa mantiene los sellos de clausura parcial hasta que RESA demuestre un manejo adecuado de los lixiviados mediante un sistema funcional y verificable. De no resolverlo, Puebla y los ocho municipios que dependen de Chiltepeque enfrentarían una crisis de disposición final de basura.