Descomplicado
“El mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto”. – Henry David Thoreau
¡Qué gran frase! Pero entonces, ¿quién gobernará?
El movimiento ciudadano más grande de este lustro despertó. Centenas de vecinos, madres, abuelas, estudiantes, infantes, activistas y otros seres sintientes salieron a gritar: “Por amor a Puebla, ¡NO al Cablebús!”.
No es poca cosa. Parece simple, pero no lo es. Pidieron que el gobierno tenga oídos para escuchar; pidieron el derecho de respirar; pidieron un espacio para la paz mental; pidieron dejar de caminar sobre terracería; pidieron seguridad; exigieron el derecho a practicar deporte; pidieron un transporte público digno, pero sin gastos excesivos; pidieron poder trasladarse en patines con seguridad; pidieron paz.
Al parecer, no es tan simple. Sin embargo, todos coincidieron en algo: el Cablebús no es la solución.
Hasta el momento, el gobierno respondió con una campaña en favor de sus acciones. Activó bots en redes sociales —cuentas con entre 0 y 20 seguidores— para aplaudirle. Y varios medios que reciben recursos del estado prostituyeron la voz ciudadana para mantener su negocio redondo. ¿No habrá formas más éticas de vivir?
La marcha de ayer le devolvió a la sociedad poblana la esperanza de ser escuchada y la ilusión de un futuro más verde.
Todos los ciudadanos que quisieron pudieron expresar sus opiniones. No hubo un solo acto de violencia; el respeto prevaleció.
El gobierno de Alejandro Armenta tiene dos opciones: seguir sin oídos y continuar con su desgaste político, o escuchar a la ciudadanía, reivindicarse con el pueblo, dejar en paz nuestras áreas verdes y mover su teleférico a terrenos disponibles. ¿Ganará el orgullo o la humildad?
Durante la marcha, la ciudadanía dejó al descubierto dos verdades:
La comunidad poblana tiene un poder real y está más viva que nunca.
El pueblo no olvida la traición.
Quedó claro que los diputados son obedientes y sumisos; que para muchos es “primero partido y después patria”.
La sociedad civil brilló. ¿El Gobierno de Puebla brillará?
¿Qué sigue? Continuar haciendo ruido mediático en redes, impulsar los amparos como lo han hecho diversos colectivos, firmar peticiones en Change.org; pero, sobre todo, que tú, querido lector, tengas presente que la ciudadanía es la única capaz de transformar este sistema. Si te desentiendes de las decisiones de nuestros gobernantes, ellos decidirán por ti. Y lo harán desde una vista miope.
Te invito a participar en tu comunidad, conocer a tus vecinos y, juntos, exigir al gobierno que sean tomados en cuenta.
No hay transformación ni igualdad social mientras existan ciudadanos tratados como de segunda: con calles de terracería, sin drenaje, sin alumbrado público y sin arbolado.
La marcha de ayer sí nos afectó, porque nos dio confianza, seguridad y reafirmó nuestro lugar.
Tú eres el rey de la ciudad. Exige tu lugar y gobiérnala con sabiduría y fuerza.
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