Hablemos de salud integral
Durante siglos, la sexualidad y el proceso para convertirse en madre han sido violentos y dolorosos para la mujer.
Muestra de ello es que apenas se logró mapear en 3D la estructura nerviosa del clítoris, 30 años después que la del pene. Durante siglos, este órgano sexual femenino fue menospreciado y poco estudiado debido a que la mayoría de los espacios científicos estuvieron liderados por hombres.
Y este descubrimiento, tan básico, es evidencia de lo poco que se toma en cuenta la comodidad y el verdadero bienestar de la mujer.
Falta justicia reproductiva en México. La justicia reproductiva se refiere a la relación entre los derechos reproductivos y la justicia social. Dentro de este término feminista se explica que las mujeres tienen derecho a decidir libremente si quieren tener hijos, a no tenerlos y a criarlos en condiciones dignas.
Elegir no tener hijos implica someterse a tratamientos hormonales con pastillas orales y métodos no hormonales como el DIU, ambos con secuelas dolorosas y riesgos para la salud de la mujer.
Empezar a tomar hormonas y leer el instructivo con todos los efectos secundarios impresiona, pues a pesar de la diminuta pastilla, las consecuencias van desde el aumento del riesgo cardiovascular hasta afectaciones importantes a la salud emocional, ya que la toma de hormonas se ha asociado con ansiedad, cambios de humor e incluso tendencias suicidas. Por otro lado, un estudio universitario reportó que el DIU aumenta el riesgo de cáncer de mama entre un 20 y 30 por ciento tras cinco años de uso. Sin mencionar que colocarlo es un proceso doloroso en el que muchas veces no se utiliza anestesia. Además, también se ha reportado un aumento del dolor menstrual.
Y a pesar de todo, los anticonceptivos han servido para empoderar a la mujer y permitirle decidir sobre su cuerpo. Pero duele constantemente.
Ahora bien, elegir tener una familia también implica el riesgo de sufrir violencia obstétrica. En México, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021 reportó que el 31.4 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años experimentó este tipo de violencia.
Biológicamente, tener un bebé implica cambios importantes: el corazón trabaja más al aumentar la frecuencia cardiaca, el útero se expande entre 500 y mil veces y hay un desplazamiento de órganos que ocasiona frecuencia urinaria, acidez, estreñimiento y dolor de espalda. Se hincha la cara, hay alteraciones en la piel y, en algunos casos, hasta pérdida de cabello.
Tener bebés duele. No tenerlos también. Pero la ciencia, un servicio médico adecuado, una pareja informada con empatía y las redes de apoyo ayudan a que el proceso, cualquiera que sea la decisión, resulte más llevadero.
Pasó el 10 de mayo y quienes tenemos la fortuna de tener a nuestra madre la abrazamos. Se agradece todo lo que hicieron por nosotros, pero muchas veces no tenemos conciencia de todo lo que implica elegir ser madre.
En México, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), ser madre se traduce en menos oportunidades laborales, mayores probabilidades de trabajar en condiciones de informalidad y jornadas de hasta 48 horas semanales para al final percibir apenas un salario mínimo. Esa es la realidad de la mayoría de las madres en el país.
Además, son las mujeres quienes realizan las tareas de cuidado, lo que implica atender hijos y familiares, reduciendo de manera significativa su tiempo libre.
Y aunque todavía hay mucho por cambiar, desde la ciencia hasta los sistemas de salud, también hay algo que ya no tiene vuelta atrás: las mujeres hoy cuestionan, nombran el dolor y exigen dignidad. Falta investigación con perspectiva de género, faltan políticas públicas que acompañen la maternidad y la decisión de no maternar, faltan condiciones laborales más justas y falta entender que el bienestar femenino no puede seguir siendo secundario.
Pero cada conversación sobre estos temas, cada mujer que decide sobre su cuerpo y cada red de apoyo que se construye rompe siglos de silencio. Ser mujer no debería significar resistir dolor constantemente para demostrar fortaleza. Y aun así, pese a todo, las mujeres han encontrado formas de transformar el cansancio en lucha, el miedo en decisión y la experiencia propia en una voz colectiva que ya no está dispuesta a ser ignorada.