Cohesión Social
Las voces opositoras de ayer contra la construcción del Teleférico, de la zona de Los Fuertes al Centro Histórico (Casa del Torno, edificio del siglo XVI), son las de hoy que se oponen a la instalación del sistema de transporte colectivo Cablebús.
En ambos casos es la falta de consenso social lo que genera dudas y oposición, principalmente por la opacidad en los proyectos técnicos y ejecutivo para este tipo de obras.
En otros tiempos de dominio absoluto de gobiernos del PRI, durante la administración del gobierno de Manuel Bartlett Díaz, el Centro Regional del INAH le permitió construir un puente peatonal elevado para conectar el Centro de Convenciones con el Barrio del Artista.
Ese puente afectó la traza urbana del Bulevar 5 de Mayo entre la 6 y 4 Oriente, y nadie se atrevió por miedo a oponerse al poderoso exsecretario de Gobernación federal que gobernó la entidad con mano dura, con el sello de la casa.
Ese puente de toneladas de acero y cemento quedó como testimonio del capricho de los virreyes enviado desde el centro del país a gobernar la entidad, un puente que tiene años en el abandono y no lleva a ningún lugar porque está bloqueado en ambos accesos.
Pero hay prioridades para las administraciones entrantes, la actual para desmantelar con fines de supuesta reubicación del Teleférico de la zona turística de Los Fuertes, porque, aseguran, es un elefante blanco, que causa contaminación ambiental.
Alguna obsesión tienen los gobernantes con los teleféricos, porque el actual se ha empeñado en gastar del presupuesto estatal unos seis mil millones de pesos en cuatro líneas del sistema de transporte aéreo Cablebús.
Este medio de transporte es concebido y utilizado en zonas de difícil acceso en ciudades como en Iztapalapa, en Ciudad de México, o en las ciudades de Medellín, Bogotá y otras con laderas en Colombia.
Más de un ciudadano frunció el ceño cuando se anunció el sistema de transporte Cablebús con cuatro líneas en una ciudad con planicie que tiene otras necesidades de movilidad urbana que no se resuelven con un sistema de transporte aéreo por cable.
Otros le concedieron el beneficio de la duda, pero ésta aumentó cuando las autoridades decidieron reservar por cinco años la información técnica de la obra del transporte aéreo, el cumplimiento de viajes de pasajeros que lo justifiquen, el estudio de impacto ambiental, la rentabilidad de autosuficiencia financiera y la viabilidad para concesionarlo a particulares.
Muchas preguntas quedan sin respuesta porque se anuló el derecho de acceso a la información, no existieron las mesas de consulta ciudadana ni se les involucró en el trazo de las rutas para entender el grado de afectaciones en áreas verdes.
Uno de los síntomas de la inviabilidad como negocio para concesionar a particulares es la operación del servicio estatal y la construcción de las estaciones en predios propiedad del gobierno, para evitar las dificultades jurídicas de dominio de propiedad.
El problema de fondo no es si afecta o no las zonas verdes como el Parque Juárez o el Parque Ecológico, sino si realmente la geografía de la ciudad capital requiere de un servicio de transporte aéreo por cable, o la mejor opción es la ampliación del transporte del sistema RUTA.
Nunca es tarde para democratizar los proyectos de obra pública, principalmente si se trata del transporte colectivo de pasajeros, y la mejor salida es escuchar a todos los sectores de la sociedad mediante mesas de trabajo, pero tal parece es demasiado tarde.
Un teleférico panorámico o un sistema de transporte aéreo por cable, invariablemente pasa por socializarlo de manera transparente, y ya sabemos qué pasó con el intento de ampliación del teleférico de Los Fuertes al Centro Histórico.




