Notas para un lector improbable
Para las ombudsperson de la CNDH y la CDH el derecho de audiencia y atención no es para los madres buscadoras, ahora solo sirven como foro de purificación de los victimarios.
Preocupa el hecho de las comisiones Nacional y Estatal de derechos humanos pierdan su vocación -en la era de la Cuarta Transformación- sino la brújula.
Rosario Piedra Ibarra, la presidenta de la CNDH demostró recientemente de qué lado está como garante del respeto a los derechos humanos.
Semanas atrás Piedra Ibarra exoneró a las fuerzas castrenses de su responsabilidad e intervención en la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero.
La resolución de la CNDH motivó una postura de rechazo por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, pero le tuvo sin cuidado a la señora Piedra Ibarra porque a quien le reporta es a Andrés Manuel López Obrador, que la sostiene en el cargo.
Piedra y AMLO traicionaron a los familiares de los normalistas, como al resto de los mexicanos, para preservar su alianza con las Fuerzas Armadas.
“Su tirria alcanzó niveles patológicos cuando habló del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro-Juárez, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Las acusa de orquestar una campaña para “desacreditar (y socavar)” a los “gobernantes latinoamericanos de izquierda”, siguiendo las directrices de “agendas extranacionales”, explicó en uno de sus artículos Sergio Aguayo.
En el régimen de la 4T no debe sorprende entonces el comportamiento de la llamada ombudswoman estatal, Rosa Isela Sánchez Soya, quien se suma a los foros de linchamientos contra los detractores Israel Vallarta por llamarlo “secuestrador”.
Las madres buscadoras de Puebla no gozan de esos privilegios de atención y promoción que sí le dieron a un victimario de secuestro beneficiado por los jueces del acordeón, que para liberarlo desestimaron todas las pruebas del plagio.
El régimen de la 4T ha convertido a Israel Vallarta como un porro golpeador mediático contra los periodistas y empresas editoriales, que, casualmente, mantienen posturas críticas respecto a los gobierno de la Cuarta Transformación, y contra López Obrador.
Sumergida en sus excentricidades y en su tren de vida, Lady ombudswoman, la presidenta de la CDH del estado es ahora defensora de victimarios, y no de las víctimas de secuestro a quienes no se les ha reparado el daño.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) de Rosario Piedra Ibarra ha sido irrelevante para defender derechos violados, pero su recomendación del 2 de julio sobre el caso Ayotzinapa es perversa por la manera como exonera a las Fuerzas Armadas, remató Aguayo.
Lo mismo se puede decir de la presidenta de la CDH en Puebla, Rosa Isela Sánchez Soya, “ha sido irrelevante para defender de los derechos humanos”.
Un verdadera Lady Ombudswoman, reina de las trivialidades, el dispendio y los excesos; ahora promotora de un victimario excarcelado por los jueces del acordeón de la 4T, atento a la orden para la cacería mediática de los críticos al régimen.
Para un régimen autoritario, destructor de las instituciones, con el control absoluto de los Poderes del Estado, la existencia de un ombudsperson o una ombudswoman, como las actuales de la CNDH y la CDH, esuna broma del mal gusto, una tomadura de pelo.




