Nada Personal
En la era digital en la que vivimos, los teléfonos móviles se han convertido en extensiones inevitables de nuestra rutina diaria. Sin embargo, en momentos críticos donde ocurre un accidente, un asalto o cualquier situación que afecta a la comunidad, resulta alarmante observar cómo la prioridad de muchos se desvía del auxilio hacia la mera grabación para difundirlo en redes sociales. Esta conducta refleja un cambio preocupante en los valores ciudadanos, donde la urgencia de compartir la información supera el deber cívico de intervenir o solicitar ayuda profesional.
Cuando somos testigos directos de una emergencia, el tiempo es un recurso invaluable. La llamada rápida a las autoridades puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, entre la contención o el agravamiento de una situación peligrosa. Sin embargo, la fascinación por capturar imágenes o videos para obtener likes o vistas en internet ha desplazado ese sentido de responsabilidad social. Se ha instaurado una cultura donde el ojo digital se impone sobre el corazón compasivo.
Esta tendencia también contribuye a la revictimización, exponiendo el sufrimiento de las personas afectadas sin su consentimiento, y en ocasiones, provocando riesgos adicionales por interferir en el lugar del incidente o generar pánico colectivo. La solidaridad ciudadana debería manifestarse en acciones concretas como asegurar la zona, brindar primeros auxilios si es posible y fundamentalmente, alertar a las autoridades competentes. Es necesario revalorar nuestra actitud frente a emergencias. La tecnología debe ser una herramienta al servicio del bienestar común, no un instrumento para la pasividad o el morbo digital. Fomentar una cultura de apoyo y colaboración activa es urgente para fortalecer los lazos comunitarios y mejorar la seguridad colectiva.
En México, no es raro observar esas situaciones en que los testigos se concentran en grabar y transmitir en vivo por aplicaciones como Facebook, TikTok o WhatsApp, mostrando las escenas impactantes incluso de enfrentamientos con autoridades; buscando capturar las imágenes más impactantes, compartiendo comentarios que a veces se vuelven virales, pero que rara vez motivan una respuesta efectiva o un llamado inmediato a las autoridades. Este fenómeno incluso ha sido denominado “turismo viral”, donde el morbo y la espectacularidad pesan más que la empatía y la acción responsable.
Lo que circula en las redes suele ser fragmentos crudos de violencia o accidentes, comentados con frases que van desde el sensacionalismo hasta la crítica social, con pocos datos útiles para atender la emergencia. En ocasiones, estas publicaciones terminan por obstaculizar el trabajo de los cuerpos de rescate, ya que la difusión masiva atrae multitudes o genera confusión. Además, la prioridad de acumular reacciones electrónicas diluye la urgencia real de proteger y apoyar a las víctimas, mostrando una preocupante desconexión entre el uso de la tecnología y la conciencia ciudadana.
En conclusión, enfrentar una crisis exige más que observar y difundir: requiere actuar con humanidad y responsabilidad. A través de pequeñas acciones y cambios en nuestra conducta podemos construir una sociedad más solidaria y eficaz en la protección de sus integrantes.
“Impulsemos la acción, no distracción digital”
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Facebook: Elena Lezama Coutiño




