Cohesión Social
Como es conocido, el jueves once de junio de dos mil veintiséis fue la inauguración del mundial México, Estados Unidos y Canadá 2026, en la sede mexicana.
Esta se llevó a cabo en el tradicionalmente conocido Estadio Azteca, ahora también llamado Estadio Banorte o Estadio Ciudad de México.
Con el fin de disfrutarlo de una manera diferente, me di cita en el zócalo capitalino, donde se organizó el FIFA Fan Fest, un evento masivo en el que, a través de pantallas gigantes, decenas de miles de aficionados pudieron disfrutar, en comunidad, el partido inaugural.
Fuera del calor abrasador, los empujones o apretones para entrar o salir por los pequeños accesos de las barricadas instaladas y el robo de celulares que me entere ocurrió (lo cual desagraciadamente es común en conciertos y muchos espectáculos masivos) el evento transcurrió con normalidad y fue disfrutable.
Sin embargo, el fenómeno del que quiero hablar y que es lo verdaderamente interesante, acaecía dentro del Estadio Azteca y en sus inmediaciones…
Al minuto 8 del partido ocurrió el primer Gol de México, anotado por Julián Quiñones y mientras dentro la afición gritaba y festejaba dicha anotación, la realidad afuera del coloso de Santa Úrsula era muy distinta…
Surgieron movilizaciones para mostrar al mundo lo que ocurre en México. Entre ellas, colectivos buscadores de personas desaparecidas. Hay imágenes de represión de manifestantes en los alrededores del estadio.
Entonces, al mismo tiempo, se dan lágrimas de tristeza y felicidad en un país que tiene claro-oscuros. Las madres buscadoras llegaron a las proximidades del Estadio Ciudad de México protestando y derramando lagrimas por seres queridos y personas desaparecidas, el gremio de maestros protesta por su precariedad laboral e incertidumbre pensionaria y la afición futbolera gritaba y lloraba pero de felicidad dentro del recinto.
Es bastante irónico e impactante que una fiesta se pueda sentir de maneras tan yuxtapuestas. Jubilo y felicidad para algunos, depresión, tristeza y frustración en un país que registra 134,000 personas sin localizar, para otros.
No se trata de no ver o no disfrutar el futbol, ni que los colectivos estén en contra de este (pues el futbol tiene un altísimo componente sociológico en México) sino de que no se deje de ver a estos grupos, que no se invisibilicen o se olviden, y que, tampoco se pierdan de vista los problemas sociales que aquejan a nuestro país, que nos conciernen a todos.
Así, festejos y protestas conviven de una manera distópica en las mismas calles, así como las diversas realidades de los habitantes de este país.




