Hablemos de salud integral
El catorce de julio de dos mil veintiséis la vida del profesor Alberto Israel Jasso Cruz, catedrático del Instituto de Educación Media Superior (IEMS) cambió para siempre. Una estudiante lo denunció por abuso sexual.
Por esto, se iniciaron las diligencias de investigación respectivas; sin embargo, el veintiuno de julio siguiente, se reportó la muerte del docente, quien tomó la irreversible decisión de quitarse la vida.
Pero antes, dejó un video en redes sociales, que se complementó con un documento escrito (de tres hojas) en los que expuso el porqué de su decisión.
Afirmó categóricamente su inocencia. También adujo que, ante denuncias “falsas”, la presunción de inocencia no existe, los hombres están en desigualdad y la mayoría de los denunciados deben iniciar el proceso en prisión preventiva. Agregó que su decisión no es porque fuera culpable, sino que era un acto de rebeldía contra el sistema de justicia para que se respete la presunción de inocencia, contra procesos que implican perderlo todo y, también, en oposición a la cancelación social y funa. Así también, lo calificó como un acto de sacrificio para concientizar a las mujeres sobre los peligros de las denuncias falsas.
El caso generó un maremágnum de opiniones y confrontaciones ideológicas en plataformas digitales, que van desde el lamento por el fallecimiento del profesor, reformas de ley que fortalezcan la presunción de inocencia, hasta tachar de falsos los testimonios a su favor (pues algunos dicen que se trata videos manipulados de otro caso [en otro país]) e inclusive decir que su suicidio fue un último acto de violencia contra la víctima; y, etiquetarlo como “narcisista mártir”, lo que implica que, el profesor, al sentir que perdió el control de la narrativa, califica su acto como de rebeldía y sacrificio, con el fin de ejercer manipulación emocional.
Al respecto, debe decirse que es un problema complejo, poliédrico, cuyo análisis no se puede reducir a un solo lente o visión limitada, si es que no se quiere incurrir en errores epistemológicos.
Por lo que aquí, en multienfoque social, haré un recuento de todas las cuestiones entrelazadas en este caso, que pueden dar un atisbo de luz sobre la decisión del profesor que eviten caer en reduccionismos:
Una o varias de estas opciones mezcladas es lo que pudo llevar a Alberto a quitarse la vida, de ahí que reducir el caso del profesor Alberto Jasso a “creer” ciegamente a una parte u otra, o a etiquetas psicológicas me parece simplista.
Lo peor es que la vida del profesor, así como los derechos de la víctima pasan a segundo plano. El caso –o ciertos datos- se está utilizando como arma en una batalla ideológica por feministas y antifeministas para corroborar sus propias creencias personales previas y sesgos cognitivos.
Ambos tienen mucho que aprender todavía.