Hablemos de salud integral
Para las personas que no tienen apego a los temas electorales existe la idea de que las campañas empiezan el año previo a las elecciones; sin embargo, en política se podría decir que las campañas empiezan desde el minuto que los servidores electos toman protesta de su cargo. Muchas de las figuras clave en la política de Puebla, electos o no, empezaron a posicionarse desde finales de 2024 para tener buenas posibilidades de ser los candidatos de sus partidos en los miles de cargos que votaremos el próximo año.
Oficialmente no se les puede llamar precandidatos, pero al denominarse aspirantes, representantes o defensores el objetivo es el mismo; ser la figura referente para encabezar las listas de candidatos o el centro de un gobierno. Este contexto ha generado que, en Puebla (y todo México) vivamos dos fenómenos que ya volvimos parte del día a día; pero si existiera un estándar riguroso y tajante en su aplicación desencadenaría muchos problemas para la clase política.
El primero es aquello que percibimos tan solo con caminar por las calles de nuestro Estado: encuestas, eventos públicos, anuncios publicitarios, mercancía, grandes imágenes de las figuras políticas de todos los partidos y todo aquello que te recuerde que puedes y debes confiar en cierta persona dado su historial y carrera política.
El segundo es aquel que solo rascamos un titular de medios de comunicación y nos vamos con la historia de que en este país no pasa nada si lo hacemos: la infamia de los “actos anticipados de campaña”. Las leyes electorales tienen delimitado que son estos actos, que elementos se necesitan para que existan y las sanciones a imponer por parte de las autoridades.
La pregunta que surge es: ¿si muchos políticos ya actúan como si estuvieran en campaña, por qué no se les sanciona? Cierto es que la ley tiene requisitos muy concretos para este tipo de señalamiento, también lo es que al tratarse de un área muy importante para la clase política como lo es su imagen e influencia existen estas figuras que no rompen la ley en sentido estricto, pero pone en duda su espíritu (debate para otra ocasión).
Sea cual sea la postura que cada lector tenga sobre si las prácticas de este tipo deben ser aceptadas o rechazadas, es una de las señales más visibles de que tan importantes son estas elecciones para la clase política de nuestro Estado. De ahí el titulo de esta columna: ninguna de las acciones de los políticos es anticipada, todo está en tiempo o llega tarde.