Nada personal
Levanto la vista y veo el mundo en contra; los problemas parecen perseguirme, el cansancio se vuelve pesado, los días son inciertos y los pensamientos me exigen renunciar o dar un paso al lado. Parece que la voluntad de los demás o los pendientes que nunca terminan marcan mi destino, cada vez más ajeno a mí o a mis propios deseos. A veces creo que este no es mi lugar.
Mis pensamientos no ven más allá de dos pasos; mi carácter imbatible es el único hilo que soporta mi caída hacia un precipicio oscuro y profundo llamado fracaso. En él, si caigo, llenaré mi vida de vergüenza. ¿Pero qué más puedo hacer cuando lo di todo? ¡Creo que llegué a mi límite!
Respiro, me tomo un momento, olvido lo que me rodea, dejo que el tiempo avance unos minutos y reflexiono: ¿por qué estoy aquí? Porque este lugar es el fruto de mis decisiones. Estoy aquí por amor a mi familia, por querer avanzar, porque no he retrocedido a pesar de encontrar obstáculos en el camino. Para llegar aquí soporté hambre, sol, lágrimas y, a veces, hasta dolor físico por las largas caminatas. Mi voluntad me trajo y no la voy a traicionar.
Este paso en la vida puede doler, pero no hay más dolor que el saber que no dimos todo por seguir caminando en este sendero que sabemos que nos llevará a un lugar maravilloso llamado “destino”. Los verdaderos capitanes no se hacen en aguas tranquilas; deberán luchar contra olas que parecen devorar los barcos y cuidarán de todos los seres que los acompañan. Sus decisiones son las que marcan el camino hacia un puerto llamado “paz”. Hoy estoy frente a esa ola. Este barco lo construí yo mismo; lo llamo "vida" y nadie me lo arrebatará sin importar cuán fuerte golpee. Resistiré esta tormenta y mil más. Nadie me va a quitar este lugar, no importa lo que tenga que soportar o lo que tenga que hacer. Seguiré caminando para llegar a ese lugar que sé que existe, que tengo fe de ver y de vivir, aunque sea un momento. Siento orgullo de lo que soy, de dónde estoy y de hacia dónde me dirijo.
Abro los ojos; el mundo sigue incierto. Vuelvo a caminar, sonrío, veo de frente a los problemas y les digo: lo siento, hoy no me voy a rendir.