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PUEBLA, Pue., 1 de noviembre de 2026.- Aunque en los últimos años, el movimiento de culto a la Santa Muerte ha crecido e incluso se tienen registros de que a esta imagen se adora desde Canadá hasta Chile en el continente americano, en México no es considerada una religión ni cuenta con el registro oficial de Asociación Religiosa por parte de la Secretaría de Gobernación (SEGOB).
El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) no define formalmente a la Santa Muerte como una religión independiente, pero sí la contabiliza y clasifica de forma estadística dentro de sus variables de diversidad religiosa.
En ese sentido, en el Censo de Población y Vivienda 2020 las personas que dijeron que practican ‘otra religión’ –como el culto a la santa muerte- fueron 70 mil 376.
En ese mismo recuento, la iglesia católica perdió porcentualmente feligreses en México y el número total de ateos se duplicó en el país.

En ese conteo, el INEGI registró un incremento poblacional en nuestro país; mientras en 2010 había 112 millones 336 mil 538 habitantes en el territorio nacional, el Censo 2020 contabilizó 126 millones 14 mil 24 habitantes.
En el último censo, el número total de católicos en México incrementó: pasó de 92 millones 902 mil 316 a 97 millones 912 mil 896 personas. Empero, en porcentaje, decreció ya que pasó del 82.7 por ciento al 77.7 por ciento.
En ese mismo catálogo, las personas que dijeron no practicar ninguna religión casi se duplicaron en términos porcentuales, pues pasaron de 4.7 por ciento en 2010 a 8.1 por ciento en 2020.
Además, el 2.5 por ciento de la población en el país dijo ser no creyente o atea. En total, el número de personas ateas o que no practican ninguna religión en México es de 13 millones 314 mil 516.
Cabe aclarar y distinguir la función estadística de la jurídica. Mientras que el INEGI cuenta a las personas según lo que ellas profesan para reflejar la realidad sociodemográfica de México, la Secretaría de Gobernación (SEGOB) es la única entidad encargada de otorgar el registro oficial de Asociación Religiosa en el país.

En el año 2005, la SEGOB le canceló el registro constitutivo a la agrupación que promovía de forma legal el culto a la Santa Muerte debido a desviaciones en sus estatutos, por lo que actualmente carece de reconocimiento jurídico formalante el Estado.
Para tratar de entender en qué consiste esta práctica, la comunicóloga Erika Edith Reyes Alejo, en su tesis “El Culto a la Santa Muerte: Proceso Sociocultural en Valle de Chalco”, nos cuenta los antecedentes de esta veneración:
Desde tiempos remotos la humanidad ha tenido respeto hacia la muerte. En la época prehispánica los mayas, los zapotecos y hasta los mixtecos veneraban a los dioses de la muerte, ofrecían sacrificios humanos, ofrendas y se les rendía culto (Aridjis, 2007: Documental La Santa Muerte).
Para los aztecas el “Mictlán” estaba ubicado en el noveno piso del inframundo, y era el lugar a donde iban aquellas personas que no morían ni en guerra, ni de parto (ellos iban al Tonatiuhichan o Casa del Sol), ni por muerte relacionada con el agua, (ellos iban al Tlalocan o Casa del dios Tláloc): “Al Mictlán iban los muertos comunes. Presidiendo el Mictlán estaba Mictlantecuhtli, quien tenía su contraparte femenina, llamada Mictecacihuatl. Se les representa con el rostro cadavérico y en ocasiones con partes de su cuerpo desencarnadas” (Museo del Templo Mayor, 1997).
“Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl fueron sin lugar a dudas las deidades a quienes se encomendaban a los muertos pero también eran invocados por todo aquel que deseaba el poder de la muerte. Su templo se encontraba en el centro ceremonial de la antigua ciudad de México Tenochtitlan, su nombre era Tlalxico que significa ‘ombligo de la tierra’ (…). La tradición dice que entonces se le entregaba a los dueños del inframundo ofrendas” (Araujo, Galván, Barbosa, García, Uribe, 2005).
Este detalle es muy importante ya que con el tiempo estas ofrendas seguirán presentes en los altares de la Santa Muerte. Este referente sobre la adoración a la muerte ha sido retomado por diversos autores para explicar los orígenes del culto a la Santa Muerte. Existe una diversidad de versiones sobre el origen del culto a la Santa Muerte, desde personas que opinan que es un culto que viene de otro país, hasta otros que afirman se originó en México.

A continuación menciono algunas de ellas:
“Según los devotos cada 20 de agosto en Tepantepec, Hidalgo, los adoradores a la Santa Muerte hacen un peregrinaje a la llamada Casa de San Bernardo, donde se encuentra lo que se dice es la imagen más temprana del culto a la Santa Muerte (…) la imagen originalmentees de San Bernardo de Claravata, un santo francés de la Edad Media, el santo fue representado con un esqueleto y la gente lo empezó a venerar como la muerte y la empezaron a venerar como 14 santa, ya que las diosas antiguas de la muerte eran figuras femeninas (…) así el culto de la Santa Muerte nació de un sincretismo entre las religiones indígenas prehispánicas y el cristianismo popular” (Aridjis, 2007, Documental “La Santa Muerte”).
Algunos especialistas señalan que el culto se originó en el estado de Hidalgo en la década de los sesenta, mientras que otros indican que lleva cientos de años de existencia. También se tiene la idea de que esta emblemática figura llegó desde Cuba, hacia el puerto de Veracruz, traída por santeros negros (Aridjis, 2007, Documental “La Santa Muerte”):
“El culto tiene una gran influencia en varios puntos de la República Mexicana, principalmente en Catemaco en el estado de Veracruz, que es el lugar donde se concentran los mayores brujos del país y donde se realizan infinidad de trabajos de hechicería. Otro lugar de gran influencia es el estado de Hidalgo, en específico los poblados de Tepantepec, Tulancingo, Actopan, y en los lugares que circundan estos pueblos. De aquí se ha extendido el culto a lugares del Distrito Federal como la Colonia Morelos, Tepito, La Lagunilla, la Colonia Buenos Aires; en la Zona Metropolitana, en el estado de México se ha detectado cultos en Ciudad Neza, Valle de Chalco, Santa Catarina Ayotzingo, Chalco y lugares cercanos” (Ruiz, 2003:16).
La imagen de la muerte se ha ido modificando con el paso del tiempo, ahora, algunos mexicanos han dejado de reverenciar a la muerte como tal, para empezar a venerar adorar a la Santa Muerte. Lo mismo ha pasado en otros países, y aunque su imagen representativa es distinta, el referente simbólico es el mismo, por ejemplo, en Guatemala veneran a San Pascual Bailón, mientras que en Argentina “(…) el culto a San la Muerte que se desarrolla en la provincia (…) posee dos formas iconográficas: la más común es una figura esquelética que porta una guadaña, y puede ser de yeso, madera o metal. En este caso se le denomina, entre otras formas, como Señor de la Buena Muerte, San Esqueleto (…)” (Calzato, 2008: 29).
Como podemos observar, la referencia y sus elementos se aproximan a los de la Santa Muerte mexicana. Hay muchas fechas importantes para festejarle, pero la mayoría la evoca el día 31 de octubre, primero y dos de noviembre, aunque también la celebran el día 15 en que es colocado su altar. En los últimos años se ha dado trascendencia a esta práctica religiosa, y es evidente que día a día se sigue incrementando el número de devotos y seguidores de la imagen. Se sabe que en el Distrito Federal, el primer altar fue establecido en Tepito, cuya dueña es la señora Enriqueta Romero, en la calle de Alfarería número 12, el cual fue colocado el 31 de octubre del 2001. Posteriormente se fueron instalando más y más altares, ya sea dentro de las casas o en las calles (Aridjis, 2007, Documental “La Santa Muerte”).
La imagen cadavérica que hemos adoptado en México ha ido sufriendo transformaciones, tanto en su aspecto, como en las formas de nombrarla, y podemos encontrar distintas imágenes que representan a la Santa Muerte: “La imagen de un esqueleto, el esqueleto con alas, es el conocido como Ángel de la muerte, y la más reciente que es una sirena a la cual se le llama Yemayá, pues hay mucha gente que le tiene miedo al esqueleto y ahora ya no se ven los huesitos”.
También las formas de llamarla han ido cambiando: algunos la llaman “Santa Muerte”, otros “Niña Blanca”, algunos más la identifican como el “Ángel de la muerte”, “Yemayá” o simplemente la “Flaquita”, “Madrecita”, “Flaca”, “Huesudita”, “Bonita”, “Santa”, “Niña bonita” y más.
Por su parte, Andrew Chesnut, investigador de Virginia Commonwealth University, Estados Unidos, estima que en todo el continente americano hay poco más de 12 millones de fieles a esta efigie.

En la conferencia Emperatriz de las Américas: ¿por qué la Santa Muerte mexicana es el nuevo movimiento religioso de mayor crecimiento en el Nuevo Mundo?, organizada por el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, publicada en la Gaceta de la UNAM.
El experto señaló que no hay sondeos oficiales sobre el número de devotos, pero “tras mis 13 años de investigaciones, estimo que quizás hay 12 millones. De ellos, la gran mayoría se ha hecho devota desde 2001, cuando la pionera del culto, Enriqueta Romero, puso su estatua de tamaño natural en Tepito, en la Ciudad de México”.
El especialista estadunidense recordó que la Santa Muerte es una figura que nace del sincretismo religioso. Explicó que como parte de la conquista y colonización de América, la Iglesia católica española trajo consigo la figura de la parca, que para los europeos era una mera personificación de la muerte, que surgió en el siglo 14, durante la peste bubónica: era una representación artística.
En su ponencia comentó que entonces no sabían que muchos de los grupos indígenas de México y otros países tenían sus propias deidades de la muerte. “Cuando los naturales ven a la parca, la relacionan con sus propios dioses. Hoy muchos dicen que la Santa Muerte es la reencarnación de Mictecacihuatl”.
El investigador aclaró que las primeras menciones en el registro histórico provienen de 1793, cuando a la sede de la Inquisición, en Ciudad de México, llegó el rumor de que en Guanajuato había unos chichimecas dando culto a una figura esquelética; descubrieron que era cierto y castigaron a los indígenas. Eso volvió a suceder en 1797 en Querétaro.
Agregó que después de eso, la Santa Muerte despareció del registro histórico casi por siglo y medio, hasta la década de 1940, cuando unos antropólogos estadunidenses la descubrieron en Oaxaca y Guerrero, entre los afromexicanos. A partir de entonces se fue encontrando en casi toda la República.





