Notas para un lector improbable
Ahora sí estamos fregados en materia de política electoral, de confirmarse la postura presidencial vertida por el estalinista de la burocracia dorada de izquierda, Pablo Gómez.
El sobreviviente representante estudiantil del Consejo Nacional de Huelga de 1968 se ha puesto la camiseta autoritaria del viejo régimen del PRI para posicionar la línea obradorista de desaparecer el Instituto Nacional Electoral (INE), para volverlo apéndice del gobierno.
Gómez Álvarez reencarna el autoritarismo de las épocas de Manuel Bartlett Díaz y Emilio Chuayffet Chemor, otrora secretarios de Gobernación que fungieron respectivamente como presidentes de la Comisión Federal Electoral (CFE).
Contra todo lo que podía esperarse de un supuesto militantes y parlamentario de izquierda -que siempre ha vivido como burócrata de la política partidista desde el Partido Comunista Mexicano (PCM)- ahora va en sentido contrario de la democratización de los procesos electorales, que él mismo protagonizó cuando militó en la oposición.
Pablo Gómez, empoderado como titular de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral del régimen de la Cuarta Transformación, fue directo y tajante con los consejeros ciudadanos electorales del INE con quienes de reunió: “un órgano administrativo como el INE no puede ser autónomo”.
Los consejeros electorales del INE, la mayoría proclives al oficialismo, empezando por Guadalupe Taddei, le entregaron el documento con 241 propuestas de reforma a la legislación electoral, pero el burócrata presidencial redujo a los consejeros a simples “administrativos” de los procesos electorales.
El INE debería perder su carácter autónomo, pues ello implica que la institución tenga “su propio gobierno, su propia ley”, les espetó Gómez Álvarez.
Pablo Gómez, uno de los primeros parlamentarios de izquierda beneficiado por la reforma electoral de 1978 de Jesús Reyes Heroles -que desde esa fecha brinca de una cámara a otra viviendo del erario- se alineó a la postura de Andrés Manuel López Obrador para desaparecer el INE, como lo hizo con otros organismos autónomos.
Como representante del partido en el poder, Morena, en su calidad de encargado presidencial de la reforma electoral, a diferencia de las exigencias en décadas pasadas de ser escuchada la minoría cuando gobernaba el PRI, ahora emitió la sentencia autoritaria: la reforma electoral no será producto del “consenso” entre fuerzas políticas.
Dicho de otra manera, como lo esbozó la otra fiel obradorista secretaria de Gobernación Rosa Icela Rodríguez, la reforma electoral será la del gobierno de Morena, del oficialismo, sin el consenso ni la contribución de los partidos políticos.
La reforma, subrayó la niñera de los hijos de AMLO, será resultado de los “foros de consulta”, sí, foros donde imperó la voz de Morena y sus aliados en los estados, pero que será la comisión presidencial quien la imponga.
Está claro existe dos posturas en el oficialismo respecto a la reforma electoral, al salir a fijar postura el coordinador de los diputados de Morena en la Cámara Baja, Ricardo Monreal, a responderles a Gómez Álvarez: la última palabra sobre la reforma electoral recaerá exclusivamente en el Congreso de la Unión.
El oficialismo de la 4T, de la presunta izquierda agrupada en Morena, nutrida de los más retardatario del PRI, empezando por AMLO, va contra las conquistas democráticas en los procesos electorales:
El Instituto Federal Electoral (IFE) en 1990 la organización de las elecciones federales estaba a cargo del gobierno federal, y el secretario de Gobernación fungía como presidente de la Comisión Federal Electoral (CFE), el organismo encargado de los procesos electorales bajo el dominio del régimen priista.
Tras la reforma electoral de 1990 que creó el IFE, este organismo inició un proceso gradual hacia la autonomía.
En el Periodo de transición (1990-1996) durante los primeros años del IFE, aunque se buscaba una mayor imparcialidad, la estructura aún mantenía cierta influencia gubernamental, el secretario de Gobernación seguía presidiendo el Consejo General del IFE, que era su máximo órgano de dirección.
Algunos secretarios de Gobernación que ocuparon este puesto durante ese periodo fueron Emilio Chuayffet Chemor (1990-1993 y nuevamente en 1995-1996); Arturo Núñez Jiménez (1993-1994); Esteban Moctezuma Barragán (principios de 1995).
La autonomía total la obtuvo con la reforma electoral de 1996 fue crucial, ya que otorgó total autonomía e independencia al IFE, separándolo del Poder Ejecutivo federal.
A partir de entonces, el organismo fue presidido por un consejero presidente ciudadano, electo por la Cámara de Diputados, y ya no por el secretario de Gobernación.
El primer consejero presidente con autonomía plena fue José Woldenberg Karakowsky (1996-2003). Posteriormente, el IFE se transformó en el Instituto Nacional Electoral (INE) en 2014, manteniendo su naturaleza autónoma.
Contra este avance del INE con consejeros ciudadanos, el oficialismo ha encargado a Pablo Gómez Álvarez destruir piedra por piedra esa estructura electoral, para regresarla a Gobernación federal, desaparecer el INE como organismo autónomo, y dejarlo, como en el anterior régimen del PRI, al control absoluto del partido gobernante: Morena y aliados.




