Filosofía sin escrúpulos
Después de una primera oferta, conflictos entre los partidos integrantes de la alianza que gobierna, peleas para determinar que oposición es mejor oposición y mil explicaciones de lo que pasará en las elecciones del próximo año; la segunda propuesta de reforma electoral (el plan B del plan C) ya cumplió con los requisitos constitucionales para ser aprobada, tanto en el Congreso de la Unión como en los Congresos Locales.
Desde la llegada de la Presidenta de la República en octubre de 2024 han sido pocas las ocasiones donde se ha podido observar que sus iniciativas y propuestas de reforma no hayan sido aceptadas con una mayoría definitiva para que avancen sin ningún problema. Para aquellos que siguen el día a día de la agenda del gobierno no hay mucha sorpresa del porqué. Sin embargo, aquellos que son menos casuales en temas de política se pueden hacer una idea de la respuesta a la pregunta: ¿por qué no gustó la primera versión de la reforma?
Fuera de las ideas de la oposición, cuya postura es estar (casi) siempre en contra de lo que formule el gobierno, la primera reforma perjudicaba a los aliados de MORENA en dos temas trascendentales: representaciones plurinominales y presupuesto a partidos. Para nadie es sorpresa que el Partido Verde (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) tienen como principal función ser los partidos de apoyo en coaliciones, y dicho papel les permite consolidar la presencia de sus figuras más importantes y que sean ellas las que decidan como se maneja el recurso. Dicha resistencia fue el factor determinante para que se tuviera que recurrir al “plan B electoral” el cual siguió la tendencia de ser aprobada sin mayores complicaciones.
Si bien se dejaron fuera los temas que eliminaban los plurinominales en el Senado y cambiaban las reglas para determinar a los Diputados Federales; el enfoque principal fue hacia los Congresos Locales y los Ayuntamientos para funcionar con menos integrantes y reduciendo presupuestos considerados “excesivos”, reducción en el costo de las elecciones y presupuesto de todos los organismos electorales en el país, modificaciones al funcionamiento del sistema de elecciones y fortalecimiento a los mecanismos de participación ciudadana.
Si bien ya no se esperan mayores sorpresas en temas legislativos federales para las elecciones de 2027, las y los poblanos deben de seguir vigilantes dado que hay dos preguntas que siguen al aire: ¿la propuesta de reforma electoral de Puebla pasará sin mayores problemas?, y ¿logrará colarse una ley de participación ciudadana en todo este escenario? En política cualquier cosa puede pasar y lo mejor que la ciudadanía puede hacer es seguir atenta al escenario.