Filosofía sin escrúpulos
El calor es más peligroso de lo que parece en Puebla. Está afectando nuestra salud, el medio ambiente, nuestras pocas áreas verdes y montañas.
Según el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, los meses de abril y mayo son los más calurosos en Puebla.
Aunado a esto, desde 2020 el Panel Intergubernamental del Cambio Climático ha identificado un aumento significativo en la temperatura.
De acuerdo con un artículo científico publicado en 2023 en el portal Dialnet, en el estado poblano se han identificado distintos grados de sequía de enero de 2003 a diciembre de 2022, que van desde condiciones anormalmente secas hasta sequía extrema. En este estudio se determinó que en todos los municipios se ha presentado al menos un grado anormalmente seco.
Asimismo, también se relacionó que los municipios de alta marginación, con rezago educativo y pobreza, sobre todo en la región de Tehuacán y la Sierra Negra, han experimentado eventos de sequía.
La capital poblana enfrenta un problema de islas de calor debido a la escasez de áreas verdes en la ciudad, lo que provoca que en esta temporada la población sea más susceptible a golpes de calor, deshidratación, fatiga, así como a enfermedades cardiovasculares y respiratorias crónicas.
A nivel psicológico, el exceso de calor provoca irritabilidad, ansiedad, insomnio, fatiga mental e incluso puede detonar agresividad.
Pero el calor no solo afecta la salud de las personas, sino también a los árboles. En el artículo “Pérdida de biodiversidad por cambio climático: Puebla en el contexto de disrupciones globales”, publicado en 2024, se identificó que la montaña en la entidad ha sido afectada por la presencia de plagas como el descortezador de pino, que se ha extendido a otras zonas debido al incremento de la temperatura.
Otra afectación señalada en el artículo es cómo, debido a las altas temperaturas, el permafrost —el sedimento que permanece congelado a cero grados centígrados durante al menos dos años consecutivos en las montañas— presente en La Malinche en 2016 desapareció al año siguiente, y desde entonces este volcán no ha vuelto a cubrirse de nieve.
Por si fuera poco, de acuerdo con el último reporte semanal de la Comisión Nacional Forestal, de enero al 16 de abril, Puebla es la quinta entidad con más incendios registrados en el país, con 154 casos. Es decir, se ha reportado prácticamente un incendio diario en lo que va de 2026.
Ante este panorama, Puebla requiere más áreas verdes y proyectos que realmente se enfoquen en conservar y expandir el arbolado, no solo en la capital, sino también en las zonas marginadas, en esos municipios alejados de los reflectores.
Y, por otro lado, es necesario aprender a respetar el abrasador sol: evitar la exposición prolongada o, en su defecto, mantenerse hidratado, no salir durante las horas de mayor temperatura, usar bloqueador solar, vestir ropa ligera e incluso regar las plantas durante la noche o al amanecer. Cuidemos lo poco verde que nos queda en nuestras casas y en nuestras calles.
El calor en Puebla ya no es una advertencia lejana, es una realidad que se siente en la piel, en el aire y en la forma en la que vivimos. Cada árbol perdido, cada incendio y cada zona sin sombra nos acerca a un punto en el que resistir será cada vez más difícil. No se trata solo de soportar temperaturas más altas, sino de entender que estamos frente a una crisis que exige decisiones urgentes y responsabilidad colectiva. Porque si hoy no defendemos lo poco verde que nos queda, mañana no habrá sombra que nos resguarde ni agua que alcance para sostenernos.




