Hablemos de salud integral
¿Y si les dijera que la contaminación de la cuenca del río Atoyac podría estar afectando la salud reproductiva de las poblanas e incluso de la fauna cercana?
Esa es la pregunta que plantean Karen Madai, Paloma Montserrat Rosas, Adrián Gustavo, Jorge Raúl Cerna y Victorino Alatriste, estudiantes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
En un artículo publicado en abril de 2026 en la revista Ciencia Latina, los universitarios analizaron los contaminantes presentes en el afluente y revisaron la evidencia científica sobre los efectos hormonales que pueden desencadenar los plaguicidas, metales pesados, compuestos orgánicos volátiles y microplásticos encontrados en el Atoyac.
Su publicación expone que la literatura científica relaciona la exposición a estos contaminantes con endometriosis, alteraciones del ciclo menstrual, abortos espontáneos, partos prematuros, bajo peso al nacer, defectos congénitos, daño ovárico, tumores benignos, alteraciones en la foliculogénesis, trastornos endocrinos y síndrome de ovario poliquístico.
Los responsables de estos efectos serían los llamados disruptores endocrinos (EDCs), sustancias químicas capaces de alterar el funcionamiento hormonal. Los propios autores reconocen que todavía existen pocas investigaciones que analicen directamente el impacto de los EDCs en poblaciones humanas expuestas al río Atoyac. Sin embargo, también advierten que la evidencia científica disponible apunta a una posible afectación importante de la salud reproductiva femenina.
Por ello, concluyen con una recomendación que debería llamar la atención de las autoridades: realizar más investigaciones en las comunidades cercanas al afluente para dimensionar el impacto que estos contaminantes podrían estar teniendo en la salud de las mujeres.
En julio, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) reportó un avance del 85 por ciento en la primera etapa del saneamiento del Atoyac. Un porcentaje que, en realidad, resulta difícil de dimensionar. Especialistas consultados por Quadratín Puebla han señalado que ese progreso no puede evaluarse sin conocer qué acciones realiza cada municipio y sin intervenir los ríos que desembocan en el Atoyac, como el Alseseca, considerado uno de los cuerpos de agua más contaminados del estado.
Este artículo cambia por completo la conversación sobre el Atoyac. Ya no se trata únicamente de impedir que miles de empresas continúen descargando aguas residuales sin tratamiento. El problema también obliga a preguntarnos qué está ocurriendo con la salud de quienes viven junto al río.
Si existe la posibilidad de que estos contaminantes estén relacionados con alteraciones en la salud reproductiva, entonces las comunidades cercanas necesitan campañas de detección, seguimiento médico e investigaciones epidemiológicas que permitan confirmar o descartar esa relación. Las mujeres tienen derecho a saber si el entorno donde viven está afectando su salud y, de ser así, a recibir atención integral sin que ello represente una carga económica para sus familias.
La salud femenina y la investigación con perspectiva de género nunca habían sido tan necesarias.
Durante años hablamos del Atoyac por la leucemia, la insuficiencia renal o las enfermedades respiratorias y gastrointestinales asociadas a la contaminación. Hoy, este estudio nos obliga a mirar otro posible rostro del problema: el de mujeres que viven con síndrome de ovario poliquístico, ciclos menstruales irregulares, dificultades para concebir o embarazos con complicaciones, sin siquiera imaginar que el ambiente donde crecieron podría ser un factor que merece investigarse.
Porque una gripe o una infección gastrointestinal suelen resolverse con unos días de tratamiento. En cambio, una alteración hormonal puede acompañar a una mujer durante años. Implica consultas médicas, estudios especializados, tratamientos hormonales prolongados, suplementos, cambios permanentes en la alimentación y en el estilo de vida. Es una carga física, emocional y económica que no puede seguir siendo invisible.
Quizá el mayor hallazgo de este artículo no sea demostrar que el Atoyac está enfermando a las mujeres. Su mayor aporte es plantear una pregunta que nadie había puesto sobre la mesa y que ahora las autoridades ya no pueden darse el lujo de ignorar. Si el río puede estar afectando la salud reproductiva de las poblanas, investigar ya no es una opción. Es una obligación.