Hablemos de salud integral
La ciencia está avanzando en la investigación a profundidad del cuerpo femenino y ahora todas necesitaremos nuevas clases de biología para comprender cómo funciona realmente.
Este 2026 finalmente se logró mapear en 3D la estructura nerviosa del clítoris, se renombró una enfermedad crónica común entre las mujeres y más compleja de lo que parece, el Síndrome Ovárico Metabólico Poliendócrino (SOMP), y ahora científicas españolas descubrieron que los órganos no envejecen a la par durante la menopausia.
Y este último descubrimiento es especialmente importante porque, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las mujeres de 50 años o más representan casi la tercera parte de la población femenina mundial y, para 2030, habrá 2 mil 300 millones de personas adultas mayores, de las cuales el 54 por ciento serán mujeres.
Este fenómeno de contar con una población cada vez más envejecida será mundial. En México, por cada 100 jóvenes hay 48 personas mayores, y en Puebla ya existen comunidades que experimentan un aumento considerable de este sector de la población, como San Miguel Ixitlán, el municipio con más adultas mayores del estado.
Con estos datos de contexto, conocer cómo envejecen nuestros órganos durante la menopausia puede ser clave para entender mejor cómo funciona nuestro cuerpo y prevenir enfermedades.
Fue así como investigadoras del Barcelona Supercomputing Center identificaron, mediante el estudio de genes y tejidos, el primer atlas que describe los cambios del sistema reproductor femenino durante la menopausia. Su investigación reveló que los distintos órganos de este sistema no envejecen al mismo ritmo, sino que presentan velocidades de deterioro diferentes.
A través del estudio se analizó cómo envejecen durante este proceso el útero, los ovarios, la vagina, el cérvix, las mamas y las trompas de Falopio. Entre los hallazgos destaca que el ovario y la vagina presentan un envejecimiento progresivo que comienza años antes de la menopausia; no obstante, otros órganos, como el útero, experimentan cambios abruptos con la llegada de esta etapa.
La menopausia marca el fin de la etapa reproductiva de la mujer e implica una serie de cambios hormonales y físicos que hacen que las mujeres sean más propensas a desarrollar enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas, metabólicas y óseas.
Según un artículo de 2024 de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, titulado “Contabilizando a las mujeres mayores: Midiendo la salud y el bienestar de las mujeres mayores en países de ingresos bajos y medianos”, los sistemas de salud del mundo no están preparados para responder a las necesidades de las poblaciones que envejecen, en su mayoría mujeres. Este fenómeno se debe, en gran medida, a la falta de recopilación de datos sobre esta población, indispensables para la investigación.
Estamos a tiempo de que los sistemas de salud, que de por sí están en pésimas condiciones en el país y en Puebla, comiencen a prepararse y equiparse. Que el servicio sea más humano, más integral y, como se viene repitiendo en este espacio, que sea con perspectiva de género.
Si las mujeres representan la mayoría de la población que envejece en el mundo, entender científicamente la menopausia ya no debería ser un tema de nicho, sino una prioridad de salud pública. La verdadera pregunta es por qué apenas estamos empezando a descubrir cómo envejece el cuerpo femenino.