Cohesión Social
La zona metropolitana de la ciudad de Puebla pasó de ser la residencia de las familias de grandes capos de los carteles de la droga a un enclave logístico y de la operación financiera.
Lo mismo se paseaba en Puebla y gozaba de protección el extinto narcotraficante Arturo Beltrán Leyva El Barbas, que radicaban con sus familias capos como Benjamín Arellano Félix y Sergio Villarreal Barragán El Grande, ambos detenidos en la entidad.
La presencia de los líderes regionales de los carteles mexicanos persiste en el estado, como quedó al descubierto al ser desmantelado uno de los laboratorios de fentanilo.
Estee hecho y los antecedentes de la presencia del crimen organizado, colocan a Puebla en la mira del gobierno de Estados Unidos y del gobierno federal para detener a “objetivos prioritarios” y “generadores de violencia” a cargo de las redes del crimen organizado.
Por alguna razón las autoridades estatales y federales han guardado silencio en torno a los líderes criminales refugiados en la entidad poblana, “objetivos prioritarios” para el gobierno de Donald Trump en territorio mexicano.
De acuerdo con información de las áreas de inteligencia consultadas por Quadratín Puebla, el territorio poblano se ha convertido en un punto clave para el trasiego, la distribución y la operación financiera de los principales cárteles.
En Puebla operan los peces gordos de los principales cárteles identificados por las agencias estadounidenses y las autoridades federales.
Lo revelador es que la entidad poblana es un territorio de asiento y disputa por los cárteles Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el de Sinaloa (CDS), principalmente, que operar rutas que conectan el centro del país con el Golfo de México y el norte a la frontera con EU.
El tema no es menor, se trata de “peces gordos” regionales de las células del crimen organizado que utilizan el territorio poblano como corredor logístico, zona de almacenamiento, distribución y refugio de operadores criminales.
Estos objetivos prioritarios son los operadores regionales encargados del control territorial, la coordinación del narcomenudeo, la extorsión y, en varios casos, el robo de combustible.
Una de estas divisiones delictivas relacionadas con las tomas clandestina a los ductos de Pemex, alimentan el contrabando de petróleo crudo a la Unión Americana para “lavarlo” en refinerías de Texas, y regresarlo a México como gasolinas en buque tanques en puertos tamaulipecos, relacionadas al huachicol fiscal que involucra a militares y agentes aduanales.
Entre los objetivos prioritarios destacan los jefes de plaza regionales presuntamente relacionados con el CJNG operan en municipios estratégicos como Tecamachalco, Tepeaca, Acatzingo, Palmar de Bravo, Tehuacán y la zona metropolitana de Puebla.
En otra parte del territorio poblano el dominio es de los operadores del llamado Cártel de Sinaloa, principalmente mandos medios y enlaces logísticos que han buscado afianzarse en la capital poblana y municipios conurbados.
Estas dos grandes empresas criminales en la entidad han establecido alianzas con bandas locales que operan como brazos operativos.
Identificados por las autoridades federales, estos grupos se encargan de tareas específicas como vigilancia, cobro de piso, traslado de mercancía ilícita y control de ductos de combustible.
Estos operadores se han convertido en objetivos prioritarios en el estado porque forman parte de una amplia red delictiva vinculada directamente con las operaciones de alcance nacional e internacional en el trasiego de drogas y combustibles robados.
Para Estados Unidos, según los reportes de inteligencia nacional, Puebla representa una pieza más en la cadena que alimenta el tráfico de drogas hacia su territorio,y se han convertido en un objetivo prioritario para la exigencia del gobierno de Trump.
No han sido una casualidad las recientes detenciones de mandos de la policía municipal de la ciudad capital relacionados al crimen organizado que operaban áreas sensibles para favorecer actividades delictivas, detenciones realizadas por autoridades federales.




