Hablemos de salud integral
A un año de gobierno de Alejandro Armenta, es obligado que en las instancias de dirección de Morena realicen un balance de lo realizado por el primer morenista del estado.
Para la cultura priista que prevalece en el partido oficial, las loas y discursos zalameros en poco contribuyen a un gobierno emanado del movimiento cuatroteísta.
La estructura del partido oficial no fue propiamente la plataforma de Armenta para acceder a la candidatura en 2024, se hizo de la nominación sin el respaldo de nomenclatura guinda.
Con el Consejo Estatal en contra, dominado en su mayoría por el barbosismo, y controlado después el mandatario sustituto Sergio Céspedes, el ahora gobernador fue prácticamente excluido del proceso interno.
Fue la negociación de Ricardo Monreal Ávila con la entonces candidata presidencial Claudia Sheinbaum que le permitió a Armenta figurar en la lista de encuestados.
Armenta se hizo de la candidatura a pesar de la campaña ostentosa de su primo que no es su primo, Ignacio Mier, y de la fuerza barbosista respaldando a Julio Huerta Gómez.
Sin el apoyo de la llamada prensa tradicional, canteada con Nacho Mier por los acuerdos comerciales, con trabajo en redes sociales y sin el apoyo de las tribus morenistas, se convirtió en abanderado de Morena.
Armenta Mier, con amplia experiencia como operador político, con el aprendizaje como exlíder estatal del PRI, promotor de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto en Puebla y parte importante del grupo político del marinismo, tenía tablas para afrontar la adversidad.
Como político de linaje, instrumentó la unidad interna en Morena y sumó al resto de contrincantes internos, sobre la base de una estructura electoral capitaneada por su círculo cercano, la mayoría de ellos, excolegas en el gobierno marinista y excorreligionarios del PRI.
Esa misma estrategia la aplicó posterior a la elección, con la victoria electoral en la bolsa, y optó por seguir sumando en la conformación de su equipo de gobierno con una política incluyente.
Al igual que en la estructura electoral, quienes fueron y son parte de su círculo cercano los colocó en las susbsecretarías de las dependencias más importantes, y designó como secretarios del gabinete a los más representativos del morenismo, como a Samuel Aguilar Pala.
Conocedor de la operación política, Armenta se mostró indulgente con quienes le habían dado la espalda, y prefirió sumarlos a su proyecto, incluida la nomenclatura orgánica en Morena.
Instalado en el despacho de titular del Ejecutivo estatal, y mientras se especulaba que tendría que nombrar a uno de su círculo cercano en la presidencia de la Comité Estatal de Morena, optó por negociar con los grupos y mantener a la expriista barbosista Olga Caballero (Romero) Garci-Crespo.
Un liderazgo partidista sometido, obediente y funcional, fue la mejor ruta para no enfrentarse a la nomenclatura partidista dominada por los barbosistas y el Grupo Tepeaca.
A lo más que llegó a intervenir Armenta en Morena fue la designación de Pepe Tomé como secretario de prensa, que a la postre fue nombrado director de Comunicación del Gobierno, cargo que desempeñó hasta este miércoles 3 de noviembre.
La negociación de Armenta mediante la conciliación con la estructura partidista le permitió tener un partido funcional, sin contrapesos, con una dirigencia fatua de burócratas cómodos, así como un conglomerado de consejeros estatales a quienes se ganó con la promesa de darles empleo a cada uno de ellos y ellas en el gobierno estatal.
Armenta optó por un partido y una dirigencia domesticada, tan insulsa que solo ha servido para replicar la línea ordenada de ataques a la oposición, por temas menores.
Empero, de cara a las elecciones intermedias de 2027 y las de gobernador en 2030, Armenta necesita de un partido y una dirigencia fuerte para retener el control absoluto en el Congreso local y la mayoría de los ayuntamientos, incluida la ciudad capital, un partido con un dirigente de su primer círculo.