Cohesión Social
La elección del Congreso del Estado de Coahuila, con una goliza de 16-0 a favor el viejo régimen del PRI, convierte esos comicios en un laboratorio de la derrota para Morena.
Coincido con el periodista y consultor Federico Berrueto respecto a lo ocurrido en la entidad norestense: “una golondrina no hace verano”, pero se trata de una buena lección.
Es simbólica la derrota del Morena porque es una buena dosis para que los expriistas de Morena le bajen dos rayitas a su arrogancia y prepotencia.
Se trató de una contienda electoral entre Caín y Abel, los hermanos del viejo y nuevo régimen con mismo ADN: el priismo más corrupto y autoritario que pasó de la dictadura imperfecta con el PRI a la dictadura perfecta en Morena.
El resultado adverso fue un golpe al hígado al orgullo del nepotismo de Andrés Manuel López Obrador porque su vástago, “Andy” López Beltrán que sólo sabe ganar… pero los jugosos dividendos en los negocios al amparo del imperio totalitario construido por su padre.
Es relevante el resultado electoral adverso al oficialismo para el análisis de la neurosis de la cúpula partidista, principalmente para la bejaranista Ariadna Montiel, porque tiene que tragar sapos por la doble derrota.
La pupila de René Bejarano, presidenta de Morena, fracaso en las urnas por la paliza que le propinaron el PRI y Unidad Democrática (este último partido, por cierto, fundado por Evaristo Pérez Arreloa, exsecretario general vitalicio del STUNAM).
La segunda derrota para Arianda Montiel es que como la operadora orgánica corporativista de los programas sociales de Bienestar (antes Solidaridad) para favorecer a Morena y aliados en las urnas,
De adrón de Beneficiarios en Coahuila, sólo obtuvieron menos 300 mil votos, sin que necesariamente esos 300 mil sean del Bienestar, peor todavía para la mapachería guinda.
Y no es por darle su llegue gratuito a la exalcaldesa morenista poblana, Claudia Rivera Vivanco, pero Morena la comisionó como brigadista a Coahuila para apoyar las campañas, y Rivera no trae récord de triunfadora en las elecciones municipales.
Imagínense a Claudia Rivera apoyando a los candidatos a Morena cuando ella no solo carga con la derrota electoral en su intento por reelegirse como alcaldesa, sino que los resultados de su gobierno no son para andarse presumiendo en Saltillo, Monclova, Ramos Arizpe, Piedras Negras, Torreón a Ciudad Acuña, Coahuila.
Con esos chinches foráneos de apoyos de Morena y con personajes como “Antolín”, la planadora priista les dio una probadita de su propio chocolate a los morenistas que utilizan las mismas prácticas mapacheras de su papá biológico el PRI.
Como ya se la saben, por herencia obradorista, de inmediato Morena ante la derrota electoral denunció un presunto fraude electoral o elección de Estado, un escupitajo para arriba en la denuncia guinda; el burro hablando de orejas.
Pero hay más damnificados en Coahuila como resultado de las elecciones -para el análisis de los sesudos- los otros derrotados, porque perdieron el registro como partido político local, fueron el Partido Acción Nacional (PAN) y Movimiento Ciudadano (MC).
Jorge Romero, el dirigente nacional panista, y Dante Delgado (fundador y líder moral) de MC, recibieron el primerreves en las urnas, de cara a las elecciones intermedias del 2027 donde se renovará la Cámara de Diputados y las 17 gubernaturas.
La aplanadora priista QR de Alejandro “Alito” Moreno, también apachurró a aliados de Morena como el PVEM, que también perdieron el registro como partido local-, atropelló a todos.
Así es que el triunfo del PRI en Coahuila no es una golondrina que haga verano en el 2027, pero la madrina que le puso a Morena su hermano de sangre, el PRI, por lo menos para que le bajen tres rayitas porque no son eternos, como les ocurre a las dictaduras en Centroamérica, el Caribe y en Sudamérica.




