Notas para un lector improbable
La detención del reelecto presidente municipal de Esperanza, postulado por Morena, se une a la larga lista de alcaldes involucrados con la delincuencia organizada.
A diferencia de otros ediles poblanos acusados de tener vínculos con grupos delictivos, el caso del morenista Isaac N. es singular porque él es un delincuente con cargo público.
Dobleteaba con su banda criminal utilizando a la policía municipal y con el poder del ayuntamiento para delinquir con el robo al transporte de carga, cometer secuestros y extorsiones.
En el régimen de la Cuarta Transformación son delincuentes los presidentes municipales que se hicieron de las candidaturas y los cargos para cometer delito de alto impacto, como ocurre con varios ediles capturados en los estados de Morelos y Estado de México.
Algo similar a lo ocurrido en Tabasco con el secretario de seguridad en el gobierno de Adán Augusto López, que además de mando policial era líder del grupo criminal La Barredora.
Puede compararse a los narcoalcaldes como el de Esperanza, con el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, acusado por el gobierno de EU gobernar para el Cartel de Sinaloa.
Puebla tiene otro caso similar de alcalde delincuente, el de Cuautempan, postulado por el Partido del Trabajo (PT) en alianza con Morena, Gerardo Cortés Caballero.
El edil delincuente estuvo prófugo nueve meses, acusado en 2025 de extorsión agravada, secuestro, portación de arma de uso exclusivo del Ejército y narcomenudeo.
Detenido en febrero de 2026 en Tlaxcala, y gracias a los buenos oficios de la senadora petista Liz Sánchez, el narcoalcalde goza del privilegio de la prisión domiciliaria, en tanto que el conceso municipal lo preside otro petista, Miguel Morales. Un narconegocio redondo.
No menos escandaloso, y bajo la sospecha de actividades delictivas, fue capturado la semana pasada Said de Jesús Godos Luna, alcalde de Tepeyahualco, de MC, denunciado por la venta de autos robados y detenido en el municipio de Libres, por la portación de arma de fuego y detonaciones en un evento social.
En las dos últimas décadas han surgió escándalos relacionados con presidentes municipales detenidos por vínculos con la delincuencia, pero los casos en la era de la 4T, los alcaldes son los delincuentes.
En Puebla los casos más sonados fueron los relacionados con presidentes municipales de Palmar de Bravo, por presunto huachicol, y en Izúcar de Matamoros, por tráfico de droga.
Pablo Morales Ugalde fue detenido por la Procuraduría General de la República (PGR) y la Marina, acusado por presunta participación en el robo de combustible a ductos de Pemex, en julio de 2017.
Fue postulado por el PSI, y lo arroparon como candidato común el PAN, PRD, Nueva Alianza y Compromiso por Puebla.
Otros alcalde que dio la nota en 2019 fue Rubén Gil Campos, exedil de Izúcar de Matamoros, pasó de migrante exitoso con su empresa de transporte a narcoalcalde preso en EU, por traficar cargamentos de droga del Cartel de Sinaloa, en la era de Joaquín El Chapo Guzmán.
Gil Campos solo estuvo en el cargo municipal 40 días, postulado por el PRI con el padrinazgo de Roberto Marín Torres, Jorge Estefan Chidiac y Javier López Zavala, pero fue aprehendido en EU, sentenciado a 12 años de prisión por tráfico de enervantes.
Es en este contexto que los alcaldes han evolucionado de ser corrompidos por la delincuencia, a ser ellos los gobernantes delincuentes, como en Esperanza y Cuautempan, más los que siguen en el cargo bajo la sospecha de ser narcoalcaldes o huachicoleros. En cualquier momento los alcanzará el brazo del “operativo enjambre”.




