Diagnóstico Político
Bajo el estruendo de cohetes, y al grito sociopático de “primer aviso... vamos por todas las mujeres” la rutina escolar de la Secundaria General 13 de Torreón Coahuila, se transformó en una escena digna de una serie de true crime de Netflix o de una película de terror.
Dos hermanos gemelos de dieciocho años, exalumnos de la escuela, conocidos en la comunidad como “los cuates”, armados con objetos punzocortantes y cortocontundentes, irrumpieron en el centro educativo con el fin de perpetrar un ataque en masa.
En este perdió la vida la Subdirectora Nery Edith Nevárez y cuatro personas más resultaron heridas de gravedad.
Según testimonios, los alumnos se atrincheraron en los salones, bloqueando las puertas con bancas, mientras los depredadores avanzaban por los pasillos.
La conmoción traspasó los muros de la secundaria y generó que vecinos de la comunidad acudieran al plantel educativo, sometieran a los agresores y los entregaran a las autoridades.
El incidente generó pronunciamiento de la Presidenta de la República, el Secretario de Seguridad Pública y el Secretario de Educación, quienes hablaron de un decreto que exija a las plataformas digitales la detención y remoción de contenido pro violencia o radicalización y el monitoreo de redes y foros por parte del CNI para detectar de forma temprana posibles amenazas.
De los agresores se ha reportado que provienen de un entorno familiar desarticulado, habían sido ingresados previamente a una institución de salud mental, eran víctimas de bullying, consumían contenido digital incel (celibato involuntario) y eran miembros de comunidades virtuales o foros donde proliferan y se comparten estas ideas; e, incluso, se alienta a cometer actos de violencia en masa y “venganza” o “retribución”.
El ataque no fue impulsivo ni se debió al furor del momento, sino que fue planeado y anunciado en redes sociales. Horas antes de irrumpir en la secundaria realizaron publicaciones diciendo que mañana sería su “retribución”, publicaron fotos de las armas y la ropa que utilizarían, e inclusive que querían hacer un live del ataque, pero que no podrían por falta de saldo.
La playera de uno de ellos tenía un collage de fotografías de doce atacantes masivos de diversas nacionalidades, entre los que destaca Lex Ashton, el agresor del CCH Sur en septiembre de 2025.
Por otro lado, los medios reportan que la indagatoria digital arrojó el uso de una especie de código por los agresores y en las comunidades de las que eran parte integrados por números negativos y positivos. Los números negativos significan las víctimas mortales de un ataque y los positivos las personas heridas.
Y que los agresores ocupaban código +6/-2 que hace referencia ataque en el Colegio Cervantes, también en Torreón en 2020. El cual dejó seis heridos y dos muertos. Y el –0 representaba el inicio de su propio conteo y las ganas de obtener reconocimiento criminal digital.
Este hecho de violencia en masa, como todos es una suma de diversos factores que sirven como catalizadores de violencia.
Los atacantes incels, sienten que están condenados al fracaso en las relaciones personales con las mujeres, se sienten profundamente agraviados por estas y tienen una personalidad narcisista defensiva herida. Si a esto se le suma la difusión incautelosa de estos hechos que se hace en los medios, la imitación, la proliferación de ideas inadecuadas, y las ganas de cambiar el relato y la imagen personal de quienes se sienten rechazados y marginados por una imagen de poder y causantes de terror, más el anhelo de venganza contra el grupo (real o simbólico) que sienten que los rechaza, tenemos una receta para el desastre.
Actualmente, la juventud en lugar de ser una etapa de felicidad, ligereza y aprendizaje parece estar plagada de insatisfacción y malestar psicológico. Hay una adultización acelerada, mucha comparación, la necesidad de cumplir metas irreales y una noción equivocada de que tienen poco tiempo o que simplemente están condenados a nunca lograr nada o a una vida de miseria en las relaciones personales (cosa que sus propias comunidades les hacen creer).
Si tan solo supieran que tienen tiempo, que la identidad no es fija y que su «yo» presente no es la versión definitiva de quienes serán siempre. Que, si bien el contexto y la biología influyen, también hay resiliencia y decisión. Somos un proceso, la identidad se parece más a un baile en constante desarrollo que a una fotografía estática. Que no están rotos, que a veces no son fallas en la personalidad si no la falta de habilidades prácticas.
Si tan solo cayeran en buenas manos y no en malas...




