Multienfoque Social
No se lo platique a nadie, pero con la derrota electoral de la izquierda brasileña en las elecciones generales, el gobierno de la presunta “izquierda” en México se queda aislado, junto con los gobiernos autoritarios de Cuba y Nicaragua.
La izquierda progresista del presidente Luiz Inácio Lula Da Silva fue superada en las urnas por las variantes políticas e ideológicas de las llamadas derechas brasileñas.
En la elección presidencial el candidato Lula da Silva obtuvo el 45,16 por ciento de los votos, contra el 47,03 por ciento del senador Flávio Bolsonaro, con dos millones de votos de diferencia.
Este resultado cerrado los obliga a confrontarse en las urnas en una segunda vuelta electoral el 25 de octubre, como lo establece la legislación electoral.
Independientemente de lo que ocurra en las urnas en la segunda vuelta electoral, la izquierda capitaneada por el del Partido del Trabajo, perdió la conducción del país sudamericano.
Los candidatos de derecha en Brasil ganaron la mayoría en los escaños en el Congreso, del senado y las gubernaturas que se disputaron el domino 4 de octubre.
Los candidatos de la derecha se alzaron con la victoria en las gubernaturas de 18 estados; tres fueron para abanderados de centro y la izquierda sólo en 6.
Respecto al senado, la derecha arrasó con 39 senadores, contra 5 de izquierda; mientras que, en la cámara de diputados, la derecha se impuso a lograr la victoria 388 diputados, contra los 124 de la izquierda.
Aun suponiendo que Luiz Inácio Lula lograra obtener el respaldo de otros partidos de centro para retener el cargo de presidente, el control del país estaría en manos de la derecha con la mayoría de las gubernaturas y el control del parlamento. En los hechos, la izquierda perdió.
Analistas internacionales han bautizado el resultados de las elecciones generales en Brasil como la Trumpización de Latinoamérica, al resultar derrotado un dique importante de la izquierda progresista.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tildó de “gran victoria” el triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las presidenciales de Brasil frente a Luiz Inácio Lula da Silva. “Es una gran victoria, ajustada, pero una gran victoria. Increíble”. (El País).
Flávio Bolsonaro, es el primogénito del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), y planea buscar el respaldo de União Brasil, Republicanos y Progresistas (PP), tres formaciones de centroderecha que suman 128 diputados y que no apoyaron a ningún candidato en la primera vuelta (El País).
La presunta izquierda en México, agrupada en el Partido-Estado Morena del régimen de la 4T, junto con los partidos satélites (PT y PVEM), debe tomar nota de lo ocurrido en Brasil.
La caída electoral de la izquierda brasileña está relacionada con un escándalo de corrupción en el Banco Máster que involucra a personajes cercanos a Lula, pero el fenómenos mismo fue el acicate al electorado para retirarle el apoyo al gobierno de izquierda.
Si en México la madre de todos los escándalos de corrupción es el huachicol fiscal y la narcopolítica por la asociación cómplice de gobernantes con los cárteles mexicanos, ya pueden empezar a sacar cuentas de cuál será el Waterloo de régimen de la 4T.
Son innumerables los señalamientos de presuntos negocios ilícitos de integrantes de la otrora familia presidencial de Andrés Manuel López Obrador con la delincuencia, lo que puede constituir el detonante de la derrota electoral por la corrupción en las elecciones presidenciales de 2030.
No es gratuito el blindaje del régimen de la 4T contra la llamada conspiración de la derecha internacional -como si de una conjura de trata- en México, empero, finalmente, es una tendencia electoral continental, y Brasil cayó.
En este contexto, la propia presidenta Claudia Sheibbaum y su aparato de propaganda ha incorporado el escudo de la defensa de la soberanía nacional, incorporada como bandera del Partido-Estado Morena, acompañado de la denuncia del intervencionismo extranjero.
El destinatario de esa campaña propagandística del régimen de la 4T es el presidente de EU Donald Trump que ha emprendido el combate de la corrupción fronteriza contra los políticos ligados a los cárteles del narcotráfico con actividades de trasiego de drogas hacia la Unión Americana, así como ilícitos como el huachicol fiscal.
Los republicanos de derecha y ultraderecha, incluso los demócratas, no están dispuestos a tolerar una vecindad con México bajo la sospecha de un cogobierno con los cárteles de la droga; fue durante la presidencia de un demócrata (Joe Biden) cuando ocurrió la captura por entrega del narcotraficante Isamel El Mayo Zambada.




