Nada Personal
La izquierda latinoamericana de nueva cuenta sufrió un retroceso después de la elección de la primera vuelta en Brasil, cuyo resultado favoreció al derechista Flávio Bolsonaro con el 47.03 porcentaje sobre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien obtuvo el 45.16 porcentaje del total de los votos. De acuerdo con datos del Tribunal Superior Electoral (TSE), la participación fue del 78.92 por ciento, un porcentaje parecido al de la primera vuelta del 2022, cuando el 79.05 por ciento de los electores habilitados acudió a las urnas.
Sin duda, el país sudamericano está dividido; la diferencia entre ambos candidatos es la menor de la historia en una primera vuelta de elecciones presidenciales.
Ahora, como ninguno de los dos obtuvo más de la mitad de los votos válidos, los electores volverán a las urnas el próximo 25 de octubre. Según las estadísticas desde 1989, siete elecciones se decidieron en segunda vuelta, y en todas ganó quien había liderado la primera votación.
Como si faltara algo, la Policía Federal de Brasil inició la investigación de una posible injerencia de Estados Unidos en la elección. El anuncio fue hecho por el director del referido organismo, Andrei Rodrigues, el pasado 4 de octubre.
De manera simultánea, ambos candidatos salieron ante los medios de comunicación; el mensaje de Lula da Silva acaparó los reflectores, calificó el resultado como "inesperado", confiaba en que obtendría el triunfo sin pasar un balotaje; por semanas encabezó las encuestas. Se le borró la sonrisa, pero no perdió tiempo, trazó la ruta de navegación. Su administración irá a la búsqueda de casi 33.5 millones de personas, quienes se abstuvieron de votar. El desgaste del poder pasó factura y quedó asociado al magistrado Alexandre de Moraes en la crisis del Supremo Tribunal Federal. Además de enfrentar las investigaciones sobre los negocios de Lulinha, su hijo.
Del otro lado del frente, Flávio Bolsonaro acaricia el poder, aunque no puede confiarse; al arrancar su campaña fue recibido inicialmente con escepticismo, incluso por sus aliados; el senador ocultó a su padre de la propaganda electoral (Jair Bolsonaro, que cumple una condena de 27 años y tres meses por intento de golpe de Estado).
Apostó por el antipetismo y no participó en debates, evitando así el escrutinio sobre las acusaciones de corrupción contra su persona. En la segunda vuelta la estrategia se basará en el acercamiento y compra de los candidatos que participaron en la elección presidencial. Su confianza se basa en el respaldo de los Estados Unidos.
Su aliado el presidente de EEUU, Donald Trump, celebró el resultado de las elecciones presidenciales en Brasil, que dieron como ganador de la primera vuelta al ultraderechista, Flávio Bolsonaro. "Es una gran victoria. Cerrada, pero una victoria muy grande. Increíble, de hecho, excelente". Vaticinó una segunda vuelta
“muy reñida".
El destino de Brasil preocupa a las distintas izquierdas de América Latina; en Venezuela consideran que el resultado electoral demuestra a un electorado sin mucha conciencia de lo que significa un gobierno de derecha. Desde su perspectiva, la opinión pública está siendo guiada en las “redes sociales", donde los bots hacen su trabajo.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reconoció que hay riesgo de injerencia extrajera en la elección del 2027, “la derecha internacional sí quiere intervenir, lo hemos estado denunciando”.
En los dos últimos años ha habido resultados electorales negativos para los partidos de izquierda latinoamericana. De confirmarse el triunfo de la derecha en Brasil, el 25 de octubre, México sería el siguiente en la lista de la ultra derecha. Morena ya siente pasos en la azotea.




