Cohesión Social
El 25 de octubre de 2022, el entonces secretario de Salud, Jorge Carlos Alcocer, publicó el acuerdo que dio vida al Modelo de Atención a la Salud para el Bienestar (MAS-BIENESTAR), ahora IMSS-Bienestar. Con ello se sepultó al Seguro Popular, vigente de 2004 a 2019, que —con claroscuros y corrupción incluida— logró afiliar a más de 51 millones de personas sin seguridad social con una red nacional y reglas explícitas de cobertura a través del CAUSES (catálogo de servicios médicos).
No se trata de nostalgia ni de filias partidistas, se trata de resultados porque la Constitución es clara: toda persona tiene derecho a la protección de la salud y el Estado debe garantizar la extensión progresiva y gratuita de los servicios. La pregunta obligada es incómoda: ¿hoy con la doctora estamos mejor?
El IMSS-Bienestar nació con la promesa de centralizar para ordenar. Siete años después, enfrenta señalamientos por irregularidades financieras, observaciones millonarias de la Auditoría Superior de la Federación, contrataciones sin cumplimiento material, desabasto de medicamentos —genéricos y de especialidad—, infraestructura insuficiente.
Analistas hablan de 15 mil millones de pesos bajo escrutinio de la Auditoria de 2019 a la fecha. Centralizar no ha sido sinónimo de eficiencia ni garantiza efectivamente nuestro derecho a la salud.
Por su parte, el Seguro Popular, tampoco fue perfecto. Dependía en gran medida de la capacidad y disciplina de los Estados; la calidad variaba entre entidades pero ofrecía protección contra gastos catastróficos de familias con urgencias médicas. Las evaluaciones oficiales registraron avances en cobertura de la población, aunque nunca alcanzó la universalidad efectiva.
Hoy, el 42% de la población sin seguridad social exige algo más que discursos. “Primero los pobres” no puede traducirse en filas más largas y anaqueles vacíos o repartir miserías. La salud no es consigna: es derecho humano y obligación presupuestaria.
Si la progresividad constitucional termina en precariedad generalizada, algo está fallando en el diseño o en la ejecución. No se necesita otro elefante lento, se exije planeación, transparencia y resultados medibles; abasto oportuno, infraestructura digna y salarios competitivos para el personal médico que sostiene el sistema con vocación y resistencia operativa; no es restaurar el pasado, es corregir el rumbo presente con transparencia, gestión con rendición de cuentas y combinar una rectoría federal con responsabilidad efectiva de cada entidad federativa.
México es Lindo, por la gente que trabaja cada día en la promesa constitucional de dar salud universal, pero resulta muy Jodido, cuando la política pública -y sus actores- se oponen a la evidencia histórica. En salud, mejorar no es opcional: es urgencia como lo es que atiendan a tu familiar.
@El_N3ts




