El IMSS: los derechos de los trabajadores también son derechos del pueblo
Durante seis meses, la vía Atlixcáyotl no solo fue la arteria vial más importante de la ciudad de Puebla, sino que se convirtió en un camino de miedo, ansiedad y angustia.
Cualquiera, podía convertirse en blanco de una bala. Si, durante seis meses, el llamado “tirador de la Atlixcáyotl” infundió pánico y creo una sensación de omnipotencia y omnipresencia en todos los automovilistas que tienen que recorrer la vialidad de forma cotidiana, pues de acuerdo con la información oficial, elegía a sus víctimas completamente al azar.
Tras meses de investigación, Rafael N de más de sesenta años y empresario del sector farmacéutico, fue identificado como el tirador y fue detenido el catorce de julio de dos mil veintiséis, en su domicilio.
En su contra pesan doce carpetas de investigación, por daño en propiedad ajena, ataques peligrosos e inclusive tentativa de homicidio. El diecinueve de julio, el sujeto fue vinculado a proceso por un juez y permanecerá en prisión preventiva, mientras continúa el proceso penal.
No obstante lo anterior, la familia del imputado alega su inocencia y mantiene una campaña digital para limpiar su imagen.
En otro sentido, acorde con su perfil empresarial y conexiones políticas, existe un gran escepticismo y especulación respecto al caso y a su captura, aunque las autoridades han sustentado que su detención se basa en evidencia científica y una investigación sólida.
Hasta el momento, no se ha revelado información sobre su estado de salud mental o por qué realizaba los ataques, y eso es justo el ejercicio y especulación que quiero hacer en esta ocasión.
Con base en la información oficial, ¿qué podría llevar a una persona de la tercera edad, con hijos, nietos, empresas y una excelente posición económica a emprender estas acciones y a poner en peligro la vida de muchísimas personas?
En primer lugar, vale la pena decir que es difícil determinar los motivos de un crimen con certeza absoluta, pero partiendo de la base que los disparos se realizaban al azar y no existe un móvil instrumental o la consecución de otro fin como, por ejemplo, obtener dinero, o un altercado específico con alguien, podríamos especular dos:
I. Un motivo de tipo personal/afectivo derivado de la búsqueda de emociones fuertes o excitación (Thrill). Según la HOMS (Homicide Offender Motive Scale) hay homicidios que se cometen por la euforia y la satisfacción emocional y fisiológica derivada del rush de adrenalina derivado de este.
Por lo que se podría plantear que los disparos al azar se realizaban exclusivamente por la emoción de hacerlo, algo que se podría llamar un tirador motivado por la búsqueda de excitación o thrill-motivated shooter.
II. Otro motivo de tipo personal pero que involucra violencia predatoria, la búsqueda de poder y control (que ya había mencionado en una columna anterior). De acuerdo a la misma escala, hay homicidios que se cometen por la sensación de dominancia y control sobre la víctima (como los seriales). El activo busca obtener una sensación de poder y control del acto de matar.
De modo que trasladado al tirador, se podría especular que su actividad delictiva se realizaba por buscar una sensación de poder, superioridad y omnipotencia sobre todo un conglomerado social.
Posiblemente nunca tengamos una respuesta certera.