Tamalistas de Xonaca alistan calaveras gigantes para Día de Muertos
PUEBLA, Pue., 25 de octubre de 2026.- Edith Arias Pablo lleva 12 años montando la ofrenda durante la temporada de muertos y lo hace tal como le enseñó en vida su abuela de nombre Alejandra. A sus 25 años, ella monta sola dos ofrendas: una para sus 11 familiares pequeños, que coloca el 31 de octubre, fecha dedicada a los niños difuntos, y otra el primero de noviembre, día dedicado a los adultos, como sus abuelos y tíos, que suman un total de nueve parientes.
Ella es de Tepatlaxco de Hidalgo y, de acuerdo con las costumbres de su abuelita, los elementos como cazuelas, canastas y vajilla de alfarería se van consiguiendo desde septiembre, con el famoso Trueque de San Pedro Cholula y, más adelante, durante la fiesta de San Miguel del Milagro, en Tlaxcala.
Los elementos de las ofrendas para niños y adultos se diferencian principalmente por los juguetes y dulces que se compran para los infantes, así como por los platillos más elaborados para los familiares mayores, como el mole y el pavo. Una de sus tías, que es vecina de Edith, dedica su ofrenda a su primo Alex, quien murió a los 21 años. En su caso, la ofrenda es enorme y cuenta con una variedad de antojitos que le gustaban en vida a su primo.
“Ella espera a uno de sus hijos y pues es como una muerte muy dolorosa. Y sí, le invierte muchísimo porque no solo es lo que te mencioné, ella, por ejemplo, también compra cazuelas de las más grandes. Le compra juguetes, aparte del mole compra todo lo que comía, todo, todo es todo: espagueti, chiles, pizzas, Sabritas, carnitas, este, las semitas, el pollo rostizado, pollo empanizado. Y adornas desde la puerta hasta su casa, así como en filita, velas, entonces ella sí compra por caja las velas para decorar todo”, recordó Edith.
Todos los elementos de la ofrenda los van adquiriendo desde septiembre. Su familia aprovecha el Trueque de Cholula, que se realiza el 8 de septiembre, donde adquiere todos los elementos de barro, y la fiesta de San Miguel del Milagro, que se celebra el 29 de septiembre en Tlaxcala, donde compran las canastas en las que colocan la fruta.


Antes de colocar las ofrendas, la familia de Edith limpia toda la casa, porque una vez puesta, nadie barre, lava, cose o corta, ya que podrían espantar a las ánimas.
A las 12 del día del 31 de octubre, Edith coloca un mantel blanco para la ofrenda de los niños y acomoda cada elemento con cuidado, mientras explica en voz alta qué alimentos le corresponden a cada uno.
Una vez lista, coloca en la calle una cruz de cempasúchil con floreros. Edith sale con el copal, se dirige a las ánimas del purgatorio y las nombra una por una para darles la bienvenida e invitarlas a entrar a la casa. Al terminar, reza una oración, “que le salga del corazón”.
Al día siguiente, los elementos se reemplazan a la misma hora, no sin antes pedir permiso. Sobre la mesa principal se coloca un nuevo mantel, el cuadro grande de los abuelos y las fotografías del resto de los familiares.
En este caso, se sirve mole, pan, fruta, agua, ceras, copal, vajilla nueva de alfarería y las bebidas o antojos de los difuntos, como tequila, cervezas y refrescos.
Si el 2 de noviembre se necesita retirar la comida para repartirla o llevar flores, primero deben impregnar nuevamente la habitación con humo de copal antes de tocar los elementos.
La alfarería empleada en la ofrenda de los niños se utiliza como recipiente para colocar los dulces y la fruta, que después regalan a sus ahijados cuando pasan a pedir calaverita.
Durante esta temporada de muertos, las anécdotas paranormales salen a relucir. Para Edith, algo curioso que ha notado es que los alimentos que sirve en la ofrenda, como los guisados, pierden su sabor. Incluso, en la ofrenda del año pasado llenó hasta el tope todos los vasos y jarras de agua del altar; sin embargo, al día siguiente no quedaba absolutamente nada de agua en ningún recipiente.

Edith invierte 7 mil pesos por cada ofrenda, mientras que la mayoría gasta menos de 500 pesos, según encontró Quadratín Puebla en un sondeo realizado a través de redes sociales.
En una consulta a 14 personas, el 50 por ciento invierte menos de 500 pesos, el 36 por ciento más de 500 pesos y solo dos personas destinan más de mil pesos.
Respecto a los elementos más caros, para Edith son el guajolote o pavo, que cuesta alrededor de 2 mil pesos; las cazuelas o las ollas para el mole, que cuestan entre 200 y 300 pesos cada una, así como los platos y vasos, cuya docena ronda los 130 pesos. Según el sondeo de Quadratín Puebla, el 43 por ciento votó que el elemento que considera más caro son las flores de cempasúchil, cuyo costo va de 15 pesos por maceta hasta 200 pesos por ramo. En segundo lugar, las personas votaron por la comida y, en último, por la fruta.
Más allá del gasto, las ofrendas representan una forma de mantener presentes a quienes ya no están. Actualmente, se dedican a abuelos, amigos e incluso mascotas, en una tradición que en Puebla continúa transmitiéndose a las nuevas generaciones. Para Edith, cada mantel, cazuela, alimento y vela conserva las enseñanzas de su abuela y permite que sus familiares regresen simbólicamente a casa, año con año, durante la temporada de muertos.






