Más de 8 mil cadáveres acumulados en el Semefo de Puebla en 5 años
PUEBLA, Pue., 29 de octubre de 2026.- En esta temporada de muertos, hay madres buscadoras que colocarán ofrendas en memoria de sus seres queridos. En Puebla, durante los últimos 54 años, se ha identificado sin vida a 949 personas que estaban reportadas como desaparecidas, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO). A pesar de que la búsqueda ha terminado, el duelo persiste en las madres buscadoras.
“Yo siempre he dicho que en cuestión de desaparición el tiempo nada cura, y es real. No se supera, solo tratamos, aprendemos a sobrevivir o a vivir o a sobrellevar la situación. Intento celebrar la muerte, la muerte natural, pero platicamos mucho y comparto con mis compañeras mi sentir. Les decía que su muerte no elimina la desaparición, el terror, el dolor, la tristeza, la angustia que nos generó la desaparición”, comentó en entrevista María Luisa Rojas Barojas, fundadora del colectivo Voz de los Desaparecidos, quien localizó a su hijo Juan de Dios después de cinco años de búsqueda.
Ana Laura Gamboa Muñoz, responsable del Observatorio de Violencia Social y de Género de la IBERO Puebla, explicó a Quadratín Puebla que las madres buscadoras experimentan un duelo ambiguo, que se manifiesta en la incertidumbre constante mientras la persona querida permanece desaparecida.

Para María Luisa Rojas, la localización de su hijo implicó un doble duelo: el de su ser querido y el de la esperanza. Sin embargo, no todas las integrantes del colectivo que encontraron a sus familiares sin vida atravesaron por el mismo proceso.
“En el colectivo, entendemos que cada persona tiene sus propios procesos, no todos percibimos, sentimos, vivimos, sufrimos, nos duele igual, a pesar de que es casi lo mismo. Entonces, pues, hay quienes dicen, bueno, pues, a lo mejor hay quienes dicen, sí, es una pérdida; yo siempre digo que no. Hay quienes dicen, pues, lo que Dios quiera, y yo no, no, pues, esto no es lo que Dios quiere. No, ya sabes, yo siempre ahí de inconforme. Y así lo superamos, escucha, así lo enfrentamos y lo afrontamos en el colectivo o en colectivo, escuchándonos, respetando las diferencias entre cada una, las formas diferentes de cada quien, los tiempos diferentes de cada quien”, señaló María Luisa.
La fundadora de Voz de los Desaparecidos destacó que el acompañamiento entre las integrantes del colectivo permite compartir experiencias y afrontar el dolor, sin dejar de respetar los procesos individuales de cada una.

Ante la complejidad de vivir en la incertidumbre, Lilia Tenorio, psicóloga del DIF Puebla y especialista en duelo, explicó en entrevista que la atención terapéutica no busca “cerrar” el ciclo, sino brindar un acompañamiento emocional permanente que ayude a contener los pensamientos y las crisis que irrumpen en la rutina diaria.
Por su parte, Ana Laura Gamboa señaló que, al ser la salud mental un derecho humano, corresponde al Estado garantizar que las víctimas tengan acceso a servicios públicos, gratuitos y de calidad en esta materia.
En este sentido, el modelo HabitarNos es un programa gratuito de acompañamiento psicosocioemocional diseñado e implementado por el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría (IDHIE) de la IBERO Puebla, dirigido principalmente a familiares de personas desaparecidas y a mujeres víctimas de violencia de género.
De acuerdo con la especialista, la alta demanda de atención ha rebasado la capacidad del Estado, por lo que es necesario fortalecer las instituciones, aumentar el presupuesto y contratar más personal capacitado.
Gamboa Muñoz también señaló que la atención a las madres buscadoras no debe limitarse al ámbito de la salud mental, sino abarcar otras disciplinas, como nutrición, peritajes forenses y asesoría legal especializada en derechos humanos con perspectiva de género.

El pasado 18 de octubre, el colectivo Voz de los Desaparecidos instaló la Catrina Inconforme junto al Árbol de la Esperanza, en el zócalo de Puebla, como homenaje a las madres buscadoras y símbolo de su resistencia ante la desaparición de sus familiares.
En el marco de las celebraciones del Día de Muertos, el colectivo explicó que la figura no busca celebrar la muerte, sino recordar que existen ausencias que no pueden darse por concluidas mientras no se conozca el paradero de las personas desaparecidas.
Así, las madres buscadoras enfrentan una temporada marcada por la ausencia, el recuerdo y un duelo que no siempre termina con la localización de sus seres queridos. Sus testimonios evidencian la necesidad de garantizar acompañamiento psicosocioemocional y atención integral para quienes han dedicado años a buscar a sus familiares. Mientras tanto, la Catrina Inconforme y el Árbol de la Esperanza mantienen presente una exigencia: que ninguna desaparición quede en el olvido y que la búsqueda de verdad y justicia continúe.





