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PUEBLA, Pue., 13 de agosto de 2026.- La economía de Puebla mostró señales de crecimiento durante los primeros dos años de la administración estatal, impulsada principalmente por la industria automotriz, las exportaciones y la reinversión de capital extranjero; sin embargo, este desempeño contrasta con un mercado laboral en el que alrededor de 7 de cada 10 personas ocupadas se encuentran en la informalidad, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
En 2024, Puebla se colocó como el sexto estado del país con mayor crecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB), al registrar un incremento de 3.5 por ciento respecto a 2023, según los datos del Inegi.
El comportamiento de la economía estatal también estuvo acompañado por un aumento en la llegada de Inversión Extranjera Directa (IED). Durante el primer trimestre de 2026, Puebla captó 663.8 millones de dólares, monto que representó un crecimiento de 72.7 por ciento frente a los 384.4 millones de dólares registrados durante el mismo periodo de 2025.
Con este resultado, la entidad ocupó el sexto lugar nacional en captación de IED y concentró 2.81 por ciento de los flujos de inversión extranjera que llegaron al país entre enero y marzo de 2026.
Para el economista y profesor de la Universidad Benito Juárez (UBJ), Heber Tamayo Cruz, estos resultados reflejan una economía con claroscuros, en la que sectores como el automotriz y manufacturero mantienen un papel determinante en el desempeño estatal.
Explicó que el crecimiento poblano está fuertemente relacionado con la industria automotriz, las exportaciones y la reinversión de capital extranjero, aunque advirtió que este comportamiento macroeconómico no necesariamente representa una mejora generalizada en el bienestar de la población.
El especialista señaló que la economía estatal mantiene una fuerte dependencia de la demanda de Estados Unidos, debido a que ese país constituye el principal destino de las exportaciones automotrices poblanas. A ello se suman factores como las altas tasas de interés, que encarecieron el financiamiento para las empresas nacionales, y la desaceleración del consumo interno, que limitó el crecimiento de los servicios.
En materia de inversión, Tamayo Cruz consideró que la IED representa una señal de confianza hacia la infraestructura y la vocación industrial de Puebla, aunque precisó que buena parte de estos recursos corresponde a la reinversión de utilidades de empresas automotrices y manufactureras ya establecidas.
Por ello, consideró que uno de los retos de la entidad es generar condiciones para atraer nuevos capitales y proyectos productivos en sectores distintos a los que tradicionalmente han sostenido la economía poblana.
Mientras los indicadores de producción e inversión muestran avances, el mercado laboral presenta un escenario menos favorable.
Los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondientes al tercer trimestre de 2025 revelaron que la tasa de informalidad laboral en Puebla alcanzó 70.2 por ciento de la población ocupada, superior al 69.5 por ciento registrado durante el mismo periodo de 2024.
El problema adquiere una dimensión mayor al comparar a Puebla con el promedio nacional. Mientras la entidad registró una informalidad laboral de 70.2 por ciento en el tercer trimestre de 2025, el promedio nacional se ubicó en 54.6 por ciento en diciembre de ese mismo año.
La informalidad tampoco afecta de la misma manera a hombres y mujeres. En Puebla, 947 mil mujeres se encontraban en esta condición, equivalente a una tasa de 71.5 por ciento, frente al 69.2 por ciento entre los hombres.
Además, la informalidad femenina aumentó en términos absolutos respecto al año anterior, al pasar de 928 mil a 947 mil mujeres ocupadas en esquemas informales.
Para Tamayo Cruz, este fenómeno representa uno de los principales obstáculos para que el crecimiento económico se traduzca en desarrollo social. Aunque los incrementos al salario mínimo han elevado el ingreso base de los trabajadores, la elevada presencia de esquemas informales y temporales limita el acceso a prestaciones, estabilidad laboral y protección social.
El economista señaló que la informalidad funciona como un amortiguador frente al desempleo, pues permite que las personas generen ingresos cuando no encuentran oportunidades dentro del mercado formal; no obstante, sus efectos a largo plazo son negativos.
Entre ellos, mencionó una menor recaudación fiscal, baja productividad, falta de protección para los trabajadores en materia de salud y retiro, además de una competencia desigual para los establecimientos que sí cumplen con sus obligaciones laborales y fiscales.
Así, el panorama económico de Puebla durante este periodo presenta una paradoja: la entidad logró colocarse entre los estados con mayor crecimiento del PIB y también registró un importante incremento en la captación de inversión extranjera, pero estos avances conviven con un mercado laboral donde siete de cada diez trabajadores permanecen en la informalidad.
El reto, de acuerdo con el especialista, no consiste únicamente en mantener el crecimiento de los sectores industriales y la llegada de capitales, sino en conseguir que esa actividad económica genere empleos formales, estables y con prestaciones, de manera que el crecimiento macroeconómico tenga un impacto más amplio sobre los ingresos y las condiciones de vida de la población poblana.
