Carlos Gutiérrez y Arturo Ávila, a punto de los golpes en el Senado
Hay tragedias que conmueven por la pérdida de una vida. Pero existen otras que obligan a un país entero a preguntarse cómo fue posible que el Estado permitiera durante años la existencia de instituciones donde la violencia podía presentarse como un método educativo. El homicidio de Dafne Zapata, una adolescente de trece años ocurrido durante un campamento de una academia militarizada en Tamaulipas, pertenece a esta segunda categoría.
No se trata únicamente de un caso penal que deberá resolverse en los tribunales. Se trata de un espejo que refleja una profunda deformación cultural: la idea de que la disciplina puede construirse mediante el miedo, el castigo físico y la humillación.
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