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PUEBLA, Pue., 18 de noviembre de 2025.- La explotación sexual infantil relacionada a la trata y la corrupción de menores no se vive de igual manera en los 217 municipios de Puebla.
De acuerdo con especialistas de la Universidad Iberoamericana del estado y la organización civil A21 con presencia en 86 países, las zonas donde se cometen con más frecuencia estos delitos son la ciudad de Puebla, Tehuacán, Izúcar de Matamoros, Huauchinango, Atlixco, San Pedro Cholula y San Martín Texmelucan.
“Actualmente estamos entre el sexto y séptimo lugar en materia de trata de personas. El mayor número de víctimas son mujeres, y gran parte de ellas son niñas. Por ejemplo, los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública no están desagregados por edad; no podemos saber cuántas víctimas de trata son menores. Pero sí sabemos que, tan sólo de enero a septiembre de este año, existen 2,848 víctimas de corrupción de menores”, detalló María del Rosario Arrambide González, académica e investigadora en temas de trata de personas en la IBERO Puebla.
Sin embargo, los datos específicos sobre explotación sexual infantil relacionada con trata o corrupción de menores no reflejan la verdadera magnitud del problema. El Consejo Ciudadano de la Ciudad de México estima que, a nivel nacional, la cifra negra en delitos de trata supera el 99 por ciento; es decir, por cada caso denunciado hay alrededor de cien que nunca se reportan.
De acuerdo con información obtenida vía transparencia, la Fiscalía General del Estado de Puebla en 10 años, solamente ha emitido 19 sentencias condenatorias por el delito de trata de personas de 432 carpetas de investigación abiertas de enero de 2015 a enero de 2025.
De estas sentencias, dos son de Cuautlancingo, una de Izúcar de Matamoros y el resto provenientes del municipio de Puebla. Además, los años donde se emitieron más sentencias fue durante el 2022 y 2024 con cinco sentencias cada año.
En Puebla, la situación no es distinta: el 93.5 por ciento de los delitos que realmente se cometen no se denuncian, según la más reciente Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública del INEGI, publicada en septiembre de 2025.

Que las víctimas de trata sexual infantil en Puebla logren escapar ilesas y posteriormente denunciar es extremadamente complicado, aunque no imposible. A21 ha logrado rescatar al menos mil víctimas en el país; alrededor de 230 corresponden a México y 12 son niños poblanos localizados en Ciudad de México y en Carolina del Norte, en Estados Unidos.
Angie de Luna en entrevista para Quadratín Puebla representante de A21 en México y Latinoamérica recordó el caso de una menor de 16 años de Puebla, captada por una red de prostitución donde fue explotada durante años y sometida a condiciones infrahumanas, como permanecer dentro de un túnel de espacio reducido del que sólo era sacada para atender hasta 20 clientes al día.
Durante ese periodo tuvo un hijo, utilizado para someterla. Un día logró escapar y, tras numerosos obstáculos, llegó a la casa de su familia, donde incluso fue juzgada porque creían que se había ido “a una fiesta para ser modelo”, cuando su realidad era otra.
Con la intervención de A21, la joven fue protegida, se logró rescatar a su hijo y ambos fueron resguardados ante el peligro. Tras seis años desaparecida, recuperó su libertad. Ella forma parte del 2 por ciento de personas que logra salir de la explotación sexual.

Tanto A21 como la académica María del Rosario coinciden en que la única forma de evitar que estas historias se repitan es generar una cultura de prevención, no sólo desde el gobierno sino también desde la sociedad, principalmente en las escuelas. Además, la especialista de la Universidad Iberoamericana insiste en la necesidad de crear refugios especializados para víctimas de trata.
“Hay un albergue, pero es de la sociedad civil, y eso representa una irregularidad y una carencia gubernamental terrible. No existen albergues especializados en materia de infancia. Sabemos que están los del DIF, pero no son para víctimas de explotación sexual o trata de personas. Estamos hablando de niñas, niños y adolescentes en situación de riesgo frente a su seguridad, sobre todo considerando las redes del crimen organizado que cometen estos delitos”, comentó Arrambide González.
“Fortalecer las políticas públicas, garantizar una justicia efectiva y establecer mecanismos de prevención. Alguien me dijo en un foro internacional que restaurar la vida de las personas es más caro que prevenir; la cura es más costosa que la prevención, y eso aplica en cualquier sector”, concluyó la representante de A21.

El mundo de la explotación sexual de las infancias en México y Latinoamérica se ha expandido, y ahora los niños no sólo están en peligro al salir de casa, sino también cuando tienen acceso a Internet o a un teléfono celular.
En el informe 2024-2025 de la Red Grooming Latam, realizado en 15 países de la región, incluido México, una cuarta parte de los encuestados menores de 9 años ya contaba con un dispositivo móvil, mientras que el 62.2 por ciento de quienes superaban esa edad también tenía celular.
El estudio revela una realidad inevitable: los niños y adolescentes encuestados se exponen de tres a seis horas diarias al mundo digital, donde acceden a videojuegos, redes sociales e Inteligencia Artificial, sin una limitante efectiva que los proteja de ver pornografía, generar contenido sexual con ayuda de la IA, realizar retos riesgosos “porque es la moda”, y hablar con desconocidos.
De hecho, seis de cada diez interactúan con extraños, lo que los expone al grooming y a riesgos relacionados con la corrupción de menores y la trata de personas.

De acuerdo con la organización no gubernamental A21 algunos signos para identificar si un infante es víctima de explotación se reflejan en su actitud: cuando el menor se muestra molesto, retraído o ansioso; si presenta aislamiento o una interacción reservada; cambios en la apariencia física, como variación de peso o forma de vestir; la posesión de varios números de celular o direcciones de correo electrónico, así como una cantidad excesiva de mensajes o llamadas. El indicador más evidente es pasar demasiado tiempo en el teléfono.
“A veces todas estas personas suelen provenir de contextos con una vulnerabilidad que no solamente es pobreza o una situación económica. A veces tiene que ver con familias tal vez disfuncionales, con la ausencia de papá o mamá, o incluso con un tema de identidad. Si las personas más entrenadas o educadas a veces sienten que no encajan, imaginemos alguien con contextos aún más adversos. Son varios elementos en un mismo lugar que producen una vulnerabilidad impresionante”, comentó Angie de Luna.
De acuerdo con la especialista, entre más vulnerables sean, más propensos se vuelven a ser captados con fines de explotación sexual. Para engancharlos, les prometen cosas inalcanzables o los vuelven dependientes de sustancias nocivas. En el caso de niñas y adolescentes, incluso las embarazan a propósito para manipularlas a través de sus hijos.

La explotación sexual infantil en Puebla y en toda Latinoamérica se ha profundizado tanto en las calles como en el mundo digital, donde niñas, niños y adolescentes pasan horas expuestos a riesgos que van desde el grooming hasta la trata de personas, un delito cuya cifra negra supera el 99 por ciento y que permanece prácticamente invisible para el sistema de justicia.
La vulnerabilidad emocional, familiar y económica convierte a cientos de menores en blancos fáciles para redes criminales que operan sin contención real, mientras que la falta de denuncias, la ausencia de refugios especializados y la limitada respuesta institucional dificultan que las víctimas logren salir con vida y denunciar.
En este escenario, especialistas y organizaciones coinciden en que la única forma de frenar esta violencia es fortaleciendo la prevención desde las escuelas, la comunidad y el Estado, porque restaurar las vidas destruidas por la explotación sexual resulta infinitamente más costoso que protegerlas a tiempo.




