Hablemos de salud integral
Aquella aseveración de la vieja izquierda mexicana en el sentido de que las mayorías se equivocan pone al descubierto la floreciente tendencia al totalitarismo.
Para quienes menosprecian la democracia a secas, solo es admisible la decisión de la mayoría sin son ellos los elegidos.
Justo eso ocurre con el partido oficial y el gobierno de la Cuarta Transformación que condena los triunfos electorales de la “derecha”, y ven en quienes piensa diferente a ellos como parte de una conspiración de la “derecha internacional”.
Si una sociedad como la chilena decide por mayoría de votos rechazar un candidato de ultraizquierda del partido del presidente Gabriel Boric, y elegir al abanderado de la “extrema derecha” José Antonio Kas, es democrático
Se trata de una decisión soberana de los chilenos, y en el concierto latinoamericano de las democracias, arrinconan a los gobiernos totalitarios de presunta izquierda, como la que gobierna el país.
Pero quienes quedan más aislados son los gobiernos totalitarios de extrema izquierda con dictaduras como la prevaleciente en la Venezuela del impostor presidencial Nicolás Maduro.
La democracia electoral tiene un giro a la derecha ante los signos de dictadura en la manera antidemocrática de partido único como en Nicaragua, con Daniel Ortega y Rosario Murillo, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la cubana con los herederos de los hermanos Castro, del Partido Comunista de Cuba (PCC)
En los últimos procesos electorales, empezando por Centroamérica, en El Salvador la sociedad salvadoreña dejó a tras la ortodoxia y la corrupción de los gobiernos emanados del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), para dar un giro a la derecha.
Lo más paradójico en el caso salvadoreño es que Nayib Armando Bukele Ortez fue militante del FMLN y alcalde en un departamento o municipalidad.
Bukele rompió con el izquierdista Farabundo Martí para postularse independiente y convertirse en presidente con un perfil populista, con alta aprobación suficiente para ser reelecto por el pueblo salvadoreño.
La caída electoral de los gobiernos de la llamada izquierda, con la debacle del bloque bolivariano, se extendió en Sudamérica en Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Panamá, República Dominicana Argentina, Paraguay, ampliándose en América Central con El Salvador y Costa Rica.
Sí debe preocupar para la izquierda latinoamericana el triunfo de la ultraderecha ligada al pinochetismo (la corriente del extinto dictador Augusto Pinochet que encabezó el golpe de Estado al presidente Salvador Allende en 1973) que persiguió, torturó, asesinó y desapareció a miles de chilenos.
Empero, irónicamente, el pinochetismo, es decir la ultraderecha, regresó al poder con el voto popular, como ocurrió después del plebiscito con el “sí” al regreso a la democracia electoral para elegir al presidente, y ahora una mayoría de votantes abandonó a la izquierda.
En Bolivia parecía imposible la derrota de la izquierda de Evo Morales, pero la crisis de gobernabilidad y con la reforma judicial se radicalizó el electorado que dio un giro a la derecha.
México, con la tendencia al totalitarismo del gobierno de la 4T, lo único que está generando son las condiciones a favor de un gobierno de derecha que tiene fecha en el calendario, como ocurrió con Argentina, Bolivia, o El Salvador…
El gobierno de la 4T, el chavismo en Venezuela con el dictador de Nicolás Maduro; y las dictaduras en Nicaragua y Cuba se quedan solos al negarse a realizar elecciones democráticas y transparentes con gobiernos totalitarios.