19S: Peligran edificios emblemáticos por el paso del tiempo
PUEBLA, Pue., 8 de febrero de 2026.- Tengo 57 años y de ellos llevó 38 de payaso. Empecé a los 20 años a malabarear. Yo aprendí el Yoyo Chino por necesidad. Vendía periódicos en el Bulevar Atlixco, pero el Internet lo tronó, lo quitó. Entonces al quitar esto el Internet, me dediqué a payaso. De por sí ya contaba chistes y me decían que tenía la gracia del payaso.
Aprendí el manejo del Yoyo Chino viendo videos y ensayando. Para hacer malabares hay cursos, hay escuelas que te enseñan o hay consejos, que aquí en Puebla cada mes, el día 2, viene un Congreso de Payasos, que es donde nos enseñan. Está atrás de la CAPU (Central de Autobuses de Puebla).
Cuando empecé a trabajar en los cruceros no me pintaba ni caracterizaba de payaso. Pero lo hice porque me di cuenta que eso atraía a los niños. Les decían al papá o a la mamá: ‘Dame para el payaso’. Sin maquillaje yo me he dado cuenta que no me dan, a mí en lo particular no, a lo mejor a otros sí.

Habemos dos clases de payaso: el Augusto, en mi caso que llevo una base de color piel o rosada sobre gran parte de la cara y el cuello, mientras que los bordes de los ojos y de la boca los solemos pintar de blanco justamente para hacer las facciones más expresivas; y el que no se disfraza. Aunque todos son lo mismo.
Allá en la Universidad Mesoamericana, la que está en el bulevar Valsequillo y la 24 Sur, les enseñan ritmos circenses, malabares, telas, clavas, pelotas, bolos, todo eso. También les enseñan todo lo que deben de saber sobre las caracterizaciones y maquillaje. Yo lo aprendí con el tiempo y con los cursos de los Congresos.
En mi caso manejo mucho el Yoyo Chino por mentalidad, porque si me meto mucho con clavas, pelotas o con clavas con fuego, no me dan dinero. No sé por si las salidas o como bailo, sí me dan cooperación. También pienso que es por la edad, como me ven ya grande, es por eso que me dan. La gente es buena, me cooperan, no mucho, pero sí sale para comer.
Los trucos que hago son el elevador, el columpio, las pistolas, la corbata, la vuelta al mundo, el torero, hay muchos juegos. No hago muchos porque el semáforo dura cada vez menos tiempo. Escuché en el noticiario que les pusieron unos sensores que si ven la calle llena de automóviles la vacían. Entonces tiene poco tiempo de duración el semáforo y no me da tiempo de sacar todos los trucos que yo tengo para hacer. Son infinidades de trucos los que sé hacer.
A la par también me contratan para fiestas infantiles, baby showers, despedidas de soltero, fiestas para personas mayores, para hacer shows para adultos y privados, esos en los que me encierran y tengo que trabajarle a un chavo o una chava. Voy a lo que me digan. En lo que acordemos entre ellos y nosotros. Tengo mi página de Facebook.
También soy comerciante, pero últimamente el Ayuntamiento está sobre nosotros. Así que mejor me dedico más a esto, porque aquí no me meto en problemas y, con todo respeto, hago lo quiero. Si yo ya quiero irme ahorita, me voy, si no, me quedo. Pero yo soy muy esclavo de mi trabajo. Muy negrero. Llego a las diez y me voy hasta las seis, las siete de la tarde o hasta que aguante mi cuerpo.

Tengo dos hijos, pero ninguno se dedica a lo mismo. Él es panadero y ella es ama de casa. Aunque en mi trabajo en los cruceros me encuentro de todo, la mayoría de la gente es amable. Pero sí ha habido gente que me echa el carro, pero yo me pongo en sus zapatos, porque a lo mejor hay gente que tiene problemas, no soy el único que tiene problemas, todos tenemos problemas. Si veo que alguien me quita no gano nada con decirle groserías. Una amiga japonesa me dijo que para un pleito se necesitan dos, entonces me quito y le digo que Dios te ayude en tu problema y ya, y a mí que no me abandone.
Aquí vamos a encontrar de todo. Hay señoras que me han dicho que estoy bien guapo, lo más que me dicen es que bien lo haces, bonito espectáculo, el aplauso, como todo, porque un aplauso quiere decir que lo hice bien.
El ser payaso o artista da muchas satisfacciones, recibe uno mucho de la gente. El recuerdo más bonito que tengo y el mayor detalle que he recibido fueron de parte del que fue el presidente municipal de Puebla, Tony Gali. En un diciembre, un día pasó con su carro en este mismo crucero, se orilló y me pidió que me acercara. Me dijo que siempre pasaba por ahí y me veía ejecutar mis suertes y que nunca me había dado una moneda y que por ello, ahora me iba a dar mi aguinaldo. Me dio cinco mil pesos, no lo podía creer. La verdad fue muy grato. Así como él, se han presentado otras personas y me han dado 200 o 500 pesos.
Cuando la gente me quiere contactar, les doy tarjetas o mi número telefónico: 22 12 61 10 30. Payaso Arthur Show. Estoy para servirles y que tengan un bonito día.
KONGZHU, EL YOYO CHINO
El kongzhu, también conocido como el yoyo chino, es un juguete popular en Beijing. Significa “bambú hueco”. Está hecho de bambú o madera, y también se le llama “diábolo” tras su introducción en Occidente. Su diseño es simple: un eje conecta dos discos y una cuerda con dos palos enrolla el eje. Al tirar de las cuerdas de diferentes maneras permite realizar trucos diversos.
El kongzhu se originó a partir de antiguas peonzas chinas y gradualmente evolucionó hasta convertirse en una forma única de juguete popular y arte escénico. Ya en la dinastía Ming (1368-1644), sus trucos y proceso de producción fueron detallados en el libro Lugares y costumbres populares de Beijing.
En 2006, el jugar al kongzhu fue incorporado oficialmente a la primera lista de bienes del patrimonio cultural inmaterial de China. El kongzhu está disponible en una amplia gama de tamaños y materiales. Cada disco tiene múltiples agujeros para silbato: uno grande que sirve como salida de tonos graves y varios más pequeños que producen tonos más agudos. Cuando el kongzhu gira, estos silbatos suenan juntos, lo que crea un sonido único.
Existen cientos de trucos de malabarismo para este juego, todos ellos conllevan cierto nivel de coordinación. Muchos trucos clásicos tienen nombres poéticos como “Mirando a la luna”, “Nubes de colores persiguiendo a la luna” y “Elevándose hacia el cielo”.
Además de las actuaciones individuales, hay numerosas rutinas grupales que enfatizan el trabajo en equipo y la sincronización. Si bien el kongzhu implica una amplia gama de habilidades, generalmente no requiere mucha fuerza física, lo que lo hace especialmente popular entre las personas mayores como una forma de mantenerse activas y entretenidas. Hoy en día, todavía es común ver a personas mayores jugando al kongzhu en los parques de Beijing, pues lo consideran una actividad divertida para mantenerse en forma.