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PUEBLA, Pue., 5 de octubre de 2025.-El gobernador del estado de Puebla, Alejandro Armenta Mier, anunció la consolidación de la Ruta del Futbol y del Juego de Pelota, un proyecto turístico que conectará a la zona arqueológica de Cantona con el municipio de Tepeyahualco, las zonas de las haciendas y la laguna de Alchichica, dirigida al turismo que genere el Mundial de Futbol 2026, que de forma simultánea organizarán Estados Unidos, Canadá y México.
Esta ruta busca rescatar el legado cultural prehispánico, detonar el turismo comunitario y atraer visitantes nacionales e internacionales durante el Campeonato Mundial de Futbol del que el país formará parte, con una visión que combina identidad, sostenibilidad y derrama económica local.
El mandatario subrayó que habrá transporte programado entre Ciudad de México, Puebla, Cholula y Cantona durante el Mundial, lo que permitirá mayor conectividad y acceso para los visitantes. Reconoció el respaldo del gobierno federal para convertir a México en el quinto país más visitado.
El gobernador reafirmó que, en Puebla, el enfoque está centrado en las comunidades y se fortalece la economía local a través de artesanos, productores, cocineras tradicionales y guías comunitarios, con el objetivo de que Puebla se posicione como una potencia turística con rostro humano, orgullosa de su historia.
El juego de pelota mesoamericano (en náhuatl: tlachtli u ollamalistli, en maya clásico: pitz) fue un deporte con connotaciones rituales y bélicas, jugado desde el año 1400 a. C. por los pueblos precolombinos de Mesoamérica; se practicaba tanto en la vida cotidiana como en celebraciones religiosas.
Durante los milenios de su existencia, el deporte ha conocido distintas versiones en diferentes lugares. Aparentemente cumplía la función de resolver conflictos de diversa naturaleza: pleitos por tierras, tributo, controles comerciales y otros.

Alrededor de 1400 a. C. en Mesoamérica se enfrentaban equipos conformados por siete participantes, todos ellos del género masculino.
Las reglas del juego de pelota, si acaso las había explícitamente, no se conocen.
A juzgar por su descendiente, ulama, eran probablemente similares al deporte del raquetbol, donde el objetivo es mantener la bola en juego (algunos historiadores poco fiables hablan del uso de una cabeza), si se llegaba a caer la pelota era una mala señal ya que para muchos historiadores la pelota era un símbolo que hacía alusión al Sol.

Los aros de piedra son una adición tardía al juego. Esta adición cambió el juego por completo, ya que se podía conseguir una victoria inmediata metiendo la pelota en el aro, o se podían conseguir puntos simplemente si la pelota tocaba el aro.
La pelota de hule en movimiento representaba las trayectorias de los astros sagrados: Sol, Luna y Venus. El ganador del juego era protegido y apoyado por los dioses.
No se trataba de solo un juego: era un ritual religioso que simbolizaba el que Huitzilopochtli vencía a su hermana la Luna para dar lugar al amanecer.
En la zona de Monte Albán, el juego se desarrollaba a nivel del piso de la cancha, se golpeaba la pelota con la cadera, codos y rodillas para hacer pasar la pelota de un lado a otro. Los muros inclinados a los lados de la cancha se cubrían con una gruesa mezcla de cal para crear una superficie que hiciera regresar la pelota al campo de juego.

Generalmente las canchas se encontraban en un nivel más bajo que el resto de las ciudades ya que era una representación del inframundo.
En la versión más difundida del juego, los jugadores golpeaban la pelota con las caderas, codos y rodillas del lado derecho del cuerpo.
Otras versiones permitían el uso de los antebrazos, raquetas, o la manopla (piedra de mano). La pelota estaba hecha de caucho y pesaba hasta cuatro kilos, aunque el tamaño de la pelota difería mucho en el tiempo o según la versión del juego, así mismo qué rango de jugadores eran.
El juego tenía importantes aspectos rituales y los principales partidos formales del juego de pelota eran eventos rituales. El deporte se jugaba también de manera informal, para la recreación de los niños e incluso de las mujeres.

Campos del juego de pelota fueron encontrados en toda Mesoamérica, hasta el sur de Nicaragua, y posiblemente tan al norte como el actual Arizona en los Estados Unidos.
Estos campos de juego de pelota varían considerablemente en tamaño, pero todos tienen largas pistas estrechas con paredes laterales utilizadas para rebotar la bola.
A unos 93 kilómetros al noreste de la ciudad de Puebla, se encuentra la Zona Arqueológica de Cantona, en el municipio de Tepeyahualco, en el estado de Puebla. Hace tres décadas, abrió al público.
Está constituida por 25 hectáreas, de las cuales sólo se encuentran abiertas casi el dos por ciento de la máxima extensión que tuvo esta ciudad prehispánica.
Su Acrópolis y sus terrazas de carácter habitacional y agrícola ofrecen un acercamiento al complejo urbanismo que alcanzó entre los años 600 y 800 d.C.

Esta urbe fortificada se asentó en mil 453 hectáreas y controló la ruta comercial entre el Altiplano y el golfo de México hacia los periodos Clásico Medio y Posclásico Temprano (600-900 d.C.).
En el sitio localizado en el kilómetro 7.5 de la carretera Tepeyahualco-Xonacatlán, municipio de Tepeyahualco de Hidalgo., existen 54 unidades habitacionales populares, nueve unidades habitacionales de la elite y una mixta (de elite y cívico-religiosa) en las terrazas intermedias y la parte baja del asentamiento, así como 32 conjuntos arquitectónicos en la parte alta, donde se localiza el centro cívico-religioso principal de la ciudad o Acrópolis.

El arqueólogo Ángel García Cook, a quien se debe su estudio y conservación, resaltó en su momento que Cantona está asentada en un malpaís o campo de lava, por lo que es única en su género con respecto a sus unidades habitacionales y vías de circulación interna.
Toda la población, salvo los altos dignatarios, vivió en unidades habitacionales cerradas por muros periféricos y/o delimitadas por accidentes topográficos, adaptados con muros de contención para tal fin.





