Invierten 124 mdp para reducir riesgo de inundaciones en el río Pantepec
PUEBLA, Pue., 9 de septiembre de 2026.- Los habitantes de Puebla tendrán que esperar nuevamente por obras de infraestructura que podrían transformar su movilidad, mejorar los servicios de salud y conectar a comunidades que permanecen rezagadas, luego de que el proyecto de Ley de Egresos de la Federación 2027 no contemplara recursos para varios de los proyectos estratégicos anunciados para el estado.
Entre las obras que quedaron fuera del presupuesto se encuentran el Tren México-Puebla-Veracruz, el nuevo Hospital del IMSS en Amozoc y distintos proyectos carreteros para la Mixteca poblana. La ausencia de estas inversiones no sólo representa una cifra en un documento financiero: para miles de ciudadanos significa mantener traslados largos, carreteras en condiciones que dificultan la comunicación y una infraestructura hospitalaria que no crece al ritmo de las necesidades de la población.
En el caso del tren, su exclusión mantiene en pausa una de las propuestas que mayor expectativa había generado para mejorar la conectividad de Puebla con otras entidades. Sin una asignación presupuestal específica para 2027, el proyecto no cuenta con recursos que permitan advertir un avance concreto durante el próximo año, mientras diariamente miles de personas dependen de las carreteras y otros medios de transporte para trasladarse por motivos laborales, escolares, comerciales o familiares.
La situación también alcanza al sector salud. El proyecto de un nuevo hospital del IMSS en Amozoc no aparece entre las inversiones contempladas, a pesar de la demanda que existe por servicios médicos y hospitalarios. Para la población, la falta de nueva infraestructura significa que seguirá dependiendo de los hospitales existentes, que deben atender a una población creciente y a pacientes provenientes de distintos municipios.
La Mixteca poblana enfrenta un problema distinto, pero igualmente relacionado con la falta de inversión: la conectividad. Al no incluirse recursos para las obras carreteras proyectadas en la región, comunidades que dependen de caminos y carreteras para acceder a hospitales, escuelas, mercados y centros de trabajo tendrán que continuar esperando mejoras en su infraestructura de comunicación.
Uno de los pocos proyectos de impacto directo para Puebla será el saneamiento de la cuenca del río Atoyac. Para esta tarea se plantean mil 581 millones 500 mil pesos; sin embargo, el monto representa menos de la mitad de los 4 mil 248 millones de pesos que previamente se habían contemplado para 2027. La reducción resulta preocupante para una población que durante años ha visto cómo la contaminación del Atoyac se convierte en un problema ambiental y de calidad de vida sin una solución definitiva.
El presupuesto sí considera 130 millones 259 mil pesos para ampliar y remodelar el Hospital Regional de Alta Especialidad del ISSSTE. La intervención abarcará 4 mil 786 metros cuadrados e incluirá mobiliario y equipamiento tecnológico. También se contemplan 215 millones de pesos para el Plan de Reconstrucción de Puebla. Son recursos importantes, pero no compensan la ausencia de nuevas obras hospitalarias y de infraestructura de mayor alcance.
El programa Aceite Terciario del Golfo de Pemex concentra 5 mil 557 millones 742 mil pesos y tendrá impacto en territorio poblano; sin embargo, la mayor parte de los trabajos se desarrollará en Veracruz. También aparecen 996 millones 519 mil pesos para el mantenimiento de siete oleoductos a nivel nacional, incluido uno con presencia en Puebla.
Estos recursos, sin embargo, corresponden principalmente a mantenimiento de infraestructura existente y no a nuevos proyectos capaces de modificar las condiciones de vida de amplias regiones del estado.
El contraste resulta evidente: mientras el Gobierno federal proyecta más de un billón de pesos para sus programas sociales prioritarios y destina 560 mil 172.6 millones de pesos a infraestructura y reestructuración de Pemex, Puebla vuelve a quedarse sin una inversión federal de gran escala en áreas que impactan directamente a sus habitantes.
Para los ciudadanos, el problema no es únicamente cuánto dinero aparece en el presupuesto, sino qué obras llegarán realmente a sus comunidades y cuándo. Un tren que no avanza, un hospital que no se construye, carreteras que permanecen pendientes y un río que recibe menos recursos de los previstos son asuntos que terminan reflejándose en el tiempo de traslado, el acceso a la salud, las oportunidades económicas y la calidad de vida.




