Columna Descomplicado/Jorge Robledo
¡El cambio climático viene! ¿Qué nos espera en 10, 20 o 30 años?
”El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años; el segundo mejor momento es ahora.”*
El calentamiento global es una realidad; la pérdida de áreas verdes es un hecho; y la extinción de miles de especies es una certeza.
¿Estamos condenados?
Desde niño, a este humilde narrador se le repitió hasta el cansancio que México era un país megadiverso y que éramos afortunados de vivir aquí: un territorio con enorme riqueza natural, flora y fauna únicas, paisajes extraordinarios y una cultura exquisita.
El problema es que gran parte de esa riqueza se concentra en zonas rurales, donde tristemente también se concentra la pobreza.
Quizá las personas que viven en el campo aún pueden reconocer los árboles y animales endémicos de sus regiones. Pero… ¿qué ocurre con el 80% de mexicanos que vive en zonas urbanas?
La mayoría no lo sabe, pero muchos de los árboles que observan diariamente son especies exóticas que no corresponden a nuestro entorno. Árboles que aportan beneficios ecosistémicos mínimos, mientras que las especies que realmente mantienen el equilibrio ecológico suelen ser tachadas de “feas” simplemente por crecer en el monte.
En la zona metropolitana de Puebla, las colonias con mayores ingresos suelen ser también las que poseen más arbolado urbano —con suerte, incluso nativo—, mientras que las colonias populares y marginadas viven rodeadas de asfalto y concreto, muchas veces sin un solo árbol a la vista.
Y tristemente, en nuestras ciudades, lo popular y marginado suele ser lo más abundante.
Esto ha provocado que muchas especies de mamíferos, aves e insectos que antes participaban en nuestro ecosistema hayan desaparecido progresivamente del entorno urbano.
El resultado: el efecto “isla de calor”.
Este fenómeno ocurre cuando el sol calienta durante horas el asfalto, el concreto y toda la infraestructura urbana. Cuando llega la noche, esas superficies continúan liberando calor y, antes de que logren enfriarse, el sol vuelve a elevar unevamente la temperatura.
Por ello, una ciudad puede registrar entre 5 y 10 grados más que las zonas rurales cercanas.
El asfalto oscuro puede alcanzar temperaturas de entre 50 y 70 °C, mientras que el concreto puede llegar a 40 o 60 °C.
Una avenida totalmente pavimentada y sin árboles en Puebla puede registrar 38 °C de temperatura ambiente, pero hasta 55 o 65 °C sobre el asfalto.
La misma avenida, con cobertura arbórea madura, puede descender a 33 o 35 °C de temperatura ambiente, mientras que el suelo sombreado puede mantenerse entre 25 y 35 °C.
La diferencia es enorme, especialmente en calles donde las copas de los árboles logran tocarse y formar corredores de sombra.
Ahora vienen las malas noticias.
En nuestra ciudad, gobiernos y empresarios continúan talando árboles, muchas veces simplemente para evitar que tapen anuncios publicitarios. Mientras tanto, seguimos avanzando hacia una tendencia ambiental cada vez más difícil de revertir.
En los próximos años tendremos islas de calor más severas, sequías más prolongadas y ciudades con suelos cada vez menos permeables.
Ya nos dejaron sin árboles. ¿Qué nos espera en 10, 20 o 30 años?
Actualmente existen múltiples estudios y modelos climáticos que proyectan un aumento sostenido de temperatura y estrés hídrico para el estado de puebla, especialmente en las ciudades.
En la zona metropolitana de Puebla, esto se agrava por el consumo excesivo de agua, la tala y deforestación en La Malinche, y la expansión de calles y superficies impermeables.
Todo ello provocará que los ciudadanos de clase media y baja enfrenten condiciones de vida mucho más difíciles y un entorno climático cada vez más hostil.
En los próximos 10 años (hacia 2035)
Lo más probable es que Puebla experimente:
* Más días por encima de 30 °C.
* Olas de calor más frecuentes y prolongadas.
* Menos lluvias constantes y más lluvias torrenciales.
* Mayor estrés sobre acuíferos y sistemas de abastecimiento.
* Incremento del efecto de “isla de calor urbana”.
Entre 2035 y 2045
Puebla podría enfrentar modificaciones mucho más evidentes en la vida urbana:
* Veranos más agresivos.
* Mayor demanda eléctrica por ventiladores y aire acondicionado.
* Más enfermedades relacionadas con el calor.
* Sequías urbanas más frecuentes.
* Muerte acelerada de especies no adaptadas.
* Banquetas y calles con temperaturas extremadamente altas.
* Colonias con árboles y parques considerablemente más habitables que aquellas totalmente pavimentadas.
En términos urbanos, esto es importantísimo:
El acceso a sombra podría convertirse literalmente en un asunto de salud pública.
Entre 2045 y 2055
Diversas proyecciones climáticas hablan de aumentos de entre 2 y 3 °C para mediados de siglo en esta región.
Eso podría traducirse en:
* Temporadas secas más largas.
* Más incendios periurbanos.
* Pérdida de biodiversidad.
* Menor infiltración de agua.
* Y un ambiente urbano mucho más hostil térmicamente.
No sería raro que muchas superficies urbanas alcancen fácilmente:
* 45–60 °C sobre el asfalto.
* 50 °C en techos.
* Más de 40 °C a nivel peatonal en avenidas sin árboles.
Y es ahí donde el arbolado urbano deja de ser “ornamental” para convertirse en infraestructura climática.
Treinta años pasan muy rápido.
¿Qué harás como ciudadano para recuperar la biodiversidad y amortiguar el efecto de isla de calor?
Te leo en los comentarios.




