Las Batallas
Es común que después de un desastre la solidaridad entre naciones y en la misma sociedad se manifieste de inmediato, como en el terremoto de México en 1985; pero, cuando se trata de salvar vidas, el espíritu solidario y las ganas no son suficientes.
En días pasados se hizo viral la noticia de que varios grupos de ayuda y rescate, incluidos los Topos de México, no fueron recibidos en Colombia, e inmediatamente llovieron críticas al gobierno colombiano. Sin embargo, la razón es puramente técnica:
Luego de los terremotos de México en 1985 y de Armenia en 1988 se evidenció que la ayuda desbordada ocasionaba más caos que alivio en el desastre; se hacía “turismo de desastre” porque decenas de personas llegaban de otros países sin previa invitación y autorización del país afectado. Esto provocaba una carga porque las personas llegaban sin comida, agua, tiendas de dormir ni herramientas, solo con su presencia. Entonces, el gobierno ya no solo tenía que hacerse cargo de los damnificados, sino también de las brigadas. Es complejo porque justo lo que se raciona en un desastre es agua, comida y albergues. Pero no solo eso: las brigadas hablaban distintos idiomas, utilizaban distintas metodologías, herramientas y códigos, y la tecnología era incompatible. El resultado de esos factores fue crear más caos. Se salvaron personas con lo que se tenía en ese momento, pero después de un análisis se evidenciaron las áreas de oportunidad.
En 1991 las Naciones Unidas, a través de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, Office for the Coordination of Humanitarian Affairs), creó al Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate (INSARAG, International Search and Rescue Advisory Group), quienes se encargaron de elaborar protocolos estandarizados para certificar a grupos de auxilio y que estos pudieran llegar a cualquier país del mundo a prestar ayuda y no a ser otra carga.
INSARAG certifica a equipos de búsqueda y rescate denominados USAR (Urban Search and Rescue) y les otorga la certificación IEC, que es la acreditación máxima que demuestra que un equipo cuenta con la logística, personal médico, caninos y herramientas para ser autosuficiente y operar de forma segura en el extranjero, y se divide en dos:
Cuando obtienen la certificación IEC cada 5 años deben re-certificarse para obtener el IER. Existe otra certificación que otorga cada país a sus grupos de rescate que se llama IRNAP, que se obtiene cuando la ONU certifica el proceso de evaluación de cada país.
Estas certificaciones no son premios para los grupos rescatistas; son la garantía mínima de que cualquier USAR que cuente con IEC puede integrarse a trabajar con otros y hablarán el mismo idioma técnico, trabajarán con la misma metodología y los mismos códigos. Es una garantía de calidad internacional y un “pasaporte operativo” que abre puertas. Tener la certificación IEC elimina la carga logística al país afectado, evita la saturación y duplicidad de trabajo en equipos, acaba con la incompatibilidad técnica y operativa, reduce el riesgo de accidentes secundarios y muertes de rescatistas, optimiza el tiempo y mitiga retrasos en la atención médica especializada a las víctimas.
Colombia cuenta con 1 grupo certificado IEC y 23 USAR acreditadas bajo lineamientos INSARAG. No rechazó la ayuda por orgullo, sino porque consideró que con sus grupos puede manejar el desastre, pero sí solicitó grupos certificados y especializados en ingeniería estructural y manejo de cargas pesadas. Los grupos que no están certificados o son especialistas en otros aspectos no fueron requeridos.
La lección que nos deja esto es que todos los países deberían contar con la mayor cantidad de USAR certificadas, no sólo para responder a emergencias nacionales sino para participar en desastres internacionales. Como observamos, hacer labores de rescate es mucho más que tener voluntad o experiencia; se trata de salvar vidas, no de arriesgar más.