Notas para un lector improbable
Una de las tendencias más notorias de cara a las próximas elecciones será la disputa entre las fuerzas políticas sobre quien es el verdadero destructor del país. Por un lado, la oposición aceleró la narrativa de que el partido dominante está coludido con las organizaciones criminales a raíz de los señalamientos de las autoridades de Estados Unidos y urgen que más acciones se lleven a cabo.
Por el otro lado, el partido gobernante fortalece su postura de que permitir la injerencia de autoridades extranjeras por parte de los Estados es una clara violación de la Constitución y las leyes que puede afectar a los puestos de elección popular. Si bien los casos más evidentes de esta pelea (como lo son Sinaloa y Chihuahua) tienen mayor cercanía con el vecino del norte, las estrategias electorales buscan captar al mayor número de simpatizantes y la narrativa a través del miedo es una de las más efectivas.
Esta división será más visible consecuencia de las propuestas de reforma en materia de elecciones que buscan agregar la participación de grupos delictivos e injerencia extranjera como causal de nulidad de elecciones. A unas semanas de cerrar el periodo de reformas en materia electoral (federales), esta acaparará la atención a pesar de que los cambios para las elecciones judiciales también están en su punto más importante.
Aquellos que tienen mayor preocupación sobre ‘el gobierno cediendo partes del territorio a la delincuencia y permitiendo que operen con impunidad’ difunden un miedo presente y ven en las acciones políticas y jurídicas de otro país la respuesta que tanto se necesita ante las autoridades omisas.
Mientras tanto, aquellos cuya mayor preocupación versa sobre ‘permitir que un gobierno extranjero tome las mismas acciones que en otros países (el siglo pasado) con consecuencias que hoy en día siguen en la mente del colectivo’ difunden un miedo futuro al afirmar que si este tipo de acciones se permiten y se aplauden entonces no habrá limite para lo que pueda ocurrir después.
Sea cual sea la tendencia que cualquiera observe en las redes sociales, medios de comunicación, posturas políticas o en nuestros círculos de convivencia, una cosa es concreta: las peleas entre los que difunden el miedo por una u otra razón será un factor real sobre las elecciones que tendrán lugar el próximo año.




