Filosofía sin escrúpulos
La presa de Valsequillo está agonizando y casi nadie parece notarlo. En los últimos seis años, cerca de 30 cadáveres han sido arrojados a sus aguas.
¿Por qué es importante contar cuántos cuerpos terminan en la presa? La respuesta está en un hecho ocurrido en octubre de 2025. Cuatro trabajadores realizaban labores de inspección a 40 metros de profundidad cuando inhalaron sulfuro de hidrógeno, un gas altamente tóxico que se produce por la descomposición orgánica, ya sea de animales o de seres humanos. En altas concentraciones puede ser mortal.
El resultado fue trágico: murió Miguel Ángel, de 42 años.
La empresa Proyectos, Estudios y Servicios en Ciencias e Ingeniería Agrícolas S.A. de C.V., contratada por la Comisión Nacional del Agua, no dimensionó el nivel de contaminación dentro de la presa. Los trabajadores no llevaban el equipo adecuado para enfrentar los gases generados por la descomposición acumulada en el fondo del embalse.
Pero la tragedia no se explica sólo por los cadáveres.
La presa de Valsequillo recibe agua de tres ríos: el Alseseca, el Atoyac y, en menor proporción, el Zahuapan. Los tres llegan en condiciones alarmantes.
En el río Atoyac, apenas 16 plantas tratadoras intentan limpiar la contaminación generada por al menos 297 empresas. En el Alseseca la situación es aún más crítica: sólo una planta de tratamiento opera para procesar las descargas de más de 150 empresas asentadas cerca del afluente. En el caso del Zahuapan, en Tlaxcala, al menos 25 industrias impactan directamente el agua y, según registros hemerográficos, apenas funcionan 15 plantas tratadoras en todo el estado.
La capacidad de las plantas de tratamiento está siendo superada por las miles de descargas industriales que reciben estos ríos antes de desembocar en la presa.
Y eso no es todo.
Recientemente se detectó que el relleno sanitario de Chiltepeque también está contaminando el sistema hídrico. Los lixiviados que genera el basurero terminan filtrándose hasta los cuerpos de agua que alimentan el embalse.
El problema ya no se queda en la presa.
El agua contaminada de Valsequillo se utiliza para regar cultivos en al menos 16 municipios. También la beben animales de pastoreo cuya carne y leche terminan en nuestras mesas. Y la consumen cientos de aves que habitan o migran por la zona.
En la presa se han registrado hasta 231 especies de aves. Sin embargo, activistas han identificado a las garzas como una de las especies más vulnerables. Muchas de ellas se desplazan entre el relleno sanitario de Chiltepeque, la presa y otros puntos de la ciudad.
Hasta ahora no existen estudios que analicen específicamente cómo está afectando esta situación a las garzas. Pero sí hay señales de alerta. En 2023, académicos de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla detectaron metales pesados en aves de la familia Anatidae, como patos que se alimentaban en la presa.
La presa de Valsequillo se ha convertido en el basurero acuático de la ciudad.
Las acciones para rescatarla han sido mínimas. La Secretaría de Medio Ambiente ha informado que tres barcos saneadores tipo Scavenger 2000 operan en el embalse desde 2018. Sin embargo, especialistas consideran que son insuficientes.
De acuerdo con la dependencia, se han invertido más de 2.4 millones de pesos en acciones de saneamiento. Pero ni las autoridades ni la academia han reportado una mejora significativa en la calidad del agua.
Mientras tanto, Valsequillo permanece abandonada.
Lo que alguna vez fue un paraíso natural hoy es un espejo de agua verdosa que en temporada de calor desprende olores nauseabundos. La zona está infestada de mosquitos, carece de vigilancia y de cámaras de seguridad. Es un lugar perfecto para abandonar cualquier cosa: basura, animales muertos… y también personas.
En 2012, la presa fue reconocida como sitio Ramsar, un humedal de importancia internacional por su biodiversidad.
Hoy, ese nombramiento parece una ironía.




