Cohesión Social
Se cerró parcialmente el relleno sanitario de Chiltepeque, pero sigue contaminando. Pero no es el único tiradero que está afectando al aire, agua y suelo. En el país, según datos del INEGI y la Semarnat, existen más de 2 mil tiraderos a cielo abierto y la mayoría no cumple con las regulaciones correspondientes.
La basura de los rellenos sanitarios genera grandes cantidades de metano, un gas de efecto invernadero hasta 25 veces más potente que el dióxido de carbono, lo que acelera el calentamiento global.
En Colombia existe un relleno sanitario ubicado en la localidad de Ciudad Bolívar, en Bogotá, de 623 hectáreas, llamado “Doña Juana”. Según Greenpeace, las emisiones de este relleno sanitario han contribuido a más de mil 74 muertes prematuras en todo el mundo desde 1988.
De acuerdo con la ONG, aunque dejará de funcionar, estiman que las emisiones residuales provoquen otras 450 muertes prematuras en las próximas décadas.
Aunque el relleno de Chiltepeque, en Puebla, es más pequeño, con únicamente 27 hectáreas, los lixiviados están contaminando cuerpos de agua. A aproximadamente 200 metros se encuentra el río Alseseca; a 300 metros hay un jagüey y, a 700 metros, otro más.
Aquí, en Puebla, el basurero está intoxicando a miles de garzas que se alimentan de los desechos, a cientos de perros que viven dentro del relleno, al ganado y a pobladores cercanos que reportan enfermedades respiratorias, cutáneas e incluso cáncer.
Además, la zona donde se ubica Chiltepeque está afectando al acuífero del Valle de Puebla y a la cuenca del río Alto Atoyac, una región donde especialistas han evidenciado altos niveles de contaminación que generan elevadas tasas de leucemia y enfermedades renales crónicas.
La falta de un manejo adecuado de los lixiviados y del biogás producido por la basura es el principal problema del relleno. Pero las autoridades no hacen nada. El 8 de marzo, la PROFEPA reportó que Chiltepeque operaba bajo la norma y, posteriormente, el 14 de mayo, ordenaron su cierre parcial al reconocer que existían grandes niveles de lixiviados.
Esto ocurrió después de que el activista Darinell Keller y pobladores de comunidades cercanas evidenciaran la contaminación mediante videos. La viralización del material ayudó a que las autoridades decidieran cerrarlo parcialmente, aunque oficialmente el basurero tiene permisos para operar hasta 2037. No obstante, especialistas calculan que sólo le queda este año antes de llegar a su límite.
La contaminación por lixiviados se ha documentado desde hace más de 10 años y, aun así, la respuesta de la empresa RESA (Relleno Sanitario S.A. de C.V.), encargada del relleno, así como del Ayuntamiento de Puebla y del Gobierno de Puebla, sigue siendo tibia. No se cierra, tampoco se rehabilita el lugar y ni hablar de tratar adecuadamente sus residuos.
Países como Suecia han logrado reciclar el 99 por ciento de sus residuos. Lo que pueden aprovechar o reutilizar, lo reutilizan; y el resto se incinera para generar energía y calentar hogares. Esa sí es economía circular, y no propaganda barata.