Hablemos de salud integral
Los viajes al extranjero y los lujos mostrados por morenistas como Gerardo Fernández Noroña, Andy Lépez Beltrán, Mario Delgado, Ricardo Monreal… pusieron en duda la presunta austeridad juarista de la 4T.
En la forma de vida “producto de su trabajo” del hijo mayor del expresidente Andrés Manuel López Obrador, así como el tren de vida y los negocios de otros funcionarios del AMLO como el entonces director de la CFE Manuel Bartlett, alimentaron las dudas.
Fernández Noroña de plano se descaró con la compra de una propiedad en Tepoztlán, Morelos y los viajes a países de Europa en clase premier, despejan cualquier duda respecto a la falsedad de la austeridad republicana.
Aparecieron también los lujos y el dispendio de los legisladores federales de Morena, el veracruzano Sergio Gutiérrez, y la sonorense senadora conocida como dato protegido, ambos esposos.
Vinieron después la danza de los millones de pesos y las pasarelas interminables de los relojes lujosos de funcionarios aduanales, vestimenta de marcas y de diseñadores exclusivos, los autos deportivos de diputados placeando en el pueblo, los yates y las residencias de lujo.
En Puebla, por ejemplo, humildes activistas del movimiento obardorista que ondearon las banderas de “primero los pobres”, dejaron los barrios pobres y populosos para cambiar sus residencias a Lomas de Angelópolis, a la La Vista, a Zavaleta…
Muchos de los morenistas poblanos “austeros”, lo mismo conducen motocicletas y autos deportivos de alta gama, que montan razas costosas de caballos…; y dejaron las memelas y las molotes callejeros para hacer clientes frecuentes de restaurantes caros y de lujo.
A muchas de las funcionarias públicas y militantes del oficialismo les alcanza hasta para hacerse de varias correcciones estéticas y otros cariñitos, e indistintamente, el uso obligado de las camionetas de lujo Suburban del año, muchas de estas blindadas, con chofer y escoltas a sus respectivos servicios.
En este cambio de vida de los activistas obradoristas que pasaron hambre y gastaron las suelas de los zapatos en las marchas de apoyo de López Obrador, su manera vivir les ha cambiado; para otros, los expriistas, solo pasaron los gastos del PRI a la 4T, para disfrutar de los mismos privilegios que da el poder público: la nueva clase y burocracia política.
Es en este contexto, y nadie debería sorprender, los “ministros del pueblo” del acordeón de la Suprema Corte de Justicia, también dejaron de ser pobres y olvidaron la austeridad.
Los que se desgarraban las vestiduras denunciando el dispendio y la corrupción “del pasado”, se compraron sus camionetas de lujo blindadas, con precios de 1.5 a 3 millones de pesos.
Hugo Aguilar, el Ministro presidente de los pueblos originarios, reculó en el uso de las camionetas lujosas; las cederán a magistrados y jueces para mantener “los principios de austeridad”, pero nada de regresar los vehículos y utilizar el dinero para impartir una mejor justicia, nada de eso. Lo caído, caído.
Los ministros de la Suprema Corte “se echaron para atrás” luego de la indignación que causaron con el gasto oneroso, lo que no ha sucedido en el gobierno federal, los gobiernos de lo estados y los ayuntamientos gobernados por Morena y partidos aliados.
En estricto rigor nada tendría de extraño que los servidores públicos, parlamentarios e impartidores de justicia contaran con herramientas de trabajo y transporte.
Empero lo que han demostrado son excesos en los lujos para cumplir sus encomiendas, es inevitable el tren de vida que levan, lo que contradice el discurso de austeridad juarista; para efectos prácticos, una falsedad.
Se puede imaginar la vida “austera” de un expriista bajo sospecha de tener presuntos vínculos con la delincuencia, el tren de vida que lleva con una "caja chica" 894 millones de pesos.
El morenista Adán Augusto López, el protegido de Palenque, administra una partida discrecional de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) del Senado que registró un aumento drástico del 11,000%, pasando de unos 8 mdp en 2024 a 894 mdp en 2025.
Esa es la nueva burocracia dorada de la 4T, la de la “austeridad juarista”.




