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“Las empresas están abandonando Puebla”, fue a bote pronto la primera opinión de uno de los exlíderes de la cámara de los industriales al referirse al cierre de la empresa Stanley Black & Decker.
Al igual que otros industriales consultados, coinciden en que la inseguridad pública, la incertidumbre jurídica por el cambio en el Poder Judicial, el acoso fiscal de las autoridades y la economía informal del 72 por ciento en Puebla, son los factores que inciden el cierre de las empresas.
Preocupa a los empresarios el acoso de las dependencias municipales y estatales para el cumplimiento de las obligaciones contributivas, licencias y permisos, sin dar tregua a los negocios establecidos, mientras la economía informal se expande sin pagar impuestos, alimentando la corrupción por el cobro piso y las extorsiones en giros comerciales de vía pública.
En caso particular de la empresa Stanley Black & Decker que cerró sus puertas tras 59 años de establecerse en Puebla, también está influida por la política de la economía nacionalista y proteccionista del presidente de EU Donald Trump.
El anuncio del cierre de planta de Stanley en la zona industrial, que echó a la calle a 600 trabajadores, fue tan sorpresivo que el gobierno estatal se enteró por las noticias.
Stanley Black & Decker, de capital estadounidense, está afiliada a la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra) Puebla, y en esa cámara empresarial también los tomó por sorpresa la decisión del cierre de esta importante unidad económica.
Lo mismo ocurrió en las oficinas del gobierno del estado donde la secretaría de Desarrollo Económico no se da por enterada de nada porque son más importantes los negocios personales del secretario que la situación de la industria, y en general de la economía.
Sin una política económica ni industrial para hacer frente a la adversidad por el nulo crecimiento económico y el aumento en la informalidad, el secretario del ramo se ofreció a “colocar” en el mercado de trabajo a los despedidos de Stanley: de ese tamaño es la estatura como funcionario.
“La compañía dejó la entidad por un reacomodo a nivel mundial y minimizó la situación, al considerar que es usual que las empresas realicen cambios, como parte de sus planeaciones”, declaró así de simple a un reportero.
La secretaría de Desarrollo Económico del gobierno del estado no está a la altura de las exigencias del sector industrial, no es empático con las empresas del sector manufacturero, ni con las cámaras empresariales.
Al responsable de la política económica de estado lo tiene sin cuidado cómo están cerrando las empresas y cayendo el empleo formal, no hay promoción efectiva para la llegada de capitales nacionales, y en esta desatención gubernamental, los empresarios no están dispuestos a invertir.
En Puebla no sólo hay desempleo en el mercado formal, no se están generando empleos y se pierden plazas en sectores como la industria de la transformación por el cierre de empresas.
Todo esto ocurre en el mercado laboral local donde se incrementa la informalidad laboral, no arriban nuevas inversiones, y la caída de los ingresos fiscales es ascendente.
No hay manera de que los actuales gobiernos de la 4T le sigan echando la culpa al pasado porque son más de ocho años de administraciones de la alternancia en Puebla.
A la suma de pérdida de empresas como Stanley y empleos, este 7 de junio fue presentado el prototipo del auto eléctrico del Bienestar, Olinia, y definitivamente no se ensamblará en Puebla como se tenía previsto inicialmente.