La escuela frente al celular
Cuando ocurre una muerte autoinfligida con personajes públicos como el diputado federal veracruzano Zenyazen Escobar García, y la del Jurídico de la secretaría Anticorrupción, el poblano Rubén Curiel Tejeda, la pregunta brinca: ¿de cuántos disparos?
En ambos casos inquietó a la opinión pública la manera en que los encargados de procurar la justicia se precipitaron a emitir dictámenes, cuando no había concluido ni la recolección de evidenvcias en el lugar de los hechos.
Son los propios funcionarios públicos o encargados de informar de los hechos, que en la precipitación para cuidar la imagen del gobierno ensucian mediáticamente la escena donde ocurrieron los hechos.
Por supuesto que tratándose de figuras públicas estremece a la sociedad un suicidio, porque son personas públicas con historia, o personajes polémicos, o bien porque en vida cumplían actividades en áreas sensible del gobierno.
Zenyazen Escobar, por ejemplo, fue diputado federal de Morena por el estado de Veracruz, pero antes de había desempeñado como líder del Congreso local, y luego ocupó la secretaría de Educación Pública estatal, en el gobierno de Cuitláhuac García.
Fue una carrera política maratónica; de maestro de telesecundaria -con una infancia de carencias- a secretario de Estado.
Al concluir el sexenio, logró un escaño en la cámara de diputados, pero estaba en medio de la disputa entre la gobernadora entrante Rocío Nahle, y el saliente Cuitláhuac García, por un faltante de 800 millones de pesos del gasto en la SEP estatal.
Escobar García y Cuitláhuac García lo compartían todo, en la vida pública y privada, no podían ocultar el tren de vida de ambos, una historia de gasto, dispendio y opulencia, inocultables.
El secretario de Gobierno de ese estado, Ricardo Ahued Bardahuil, sin ser sus funciones ni tener el monopolio del ministerio público, se apresuró a declarar que no fue un atentado ni un ataque externo, sino un fallecimiento por arma de fuego al interior de su vehículo (sic); alimentó el escepticismo, porque el pleito era abierto entre Rocío Nahle y Cuitláhuac.
Algo similar ocurrió con la muerte de Rubén Curiel Tejeda, funcionario estatal ligado a la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno,
La Fiscalía General del Estado, y diferentes versiones periodísticas digitales se apresuraron a informar se trataba de un suicidio, sin que mostraran evidencia científica alguna de la autoridad ni concluyera la indagatoria, y pidieron el “respeto” a la familia.
Todas las publicaciones digitales se empeñaron “en convencer” a la opinión pública se trató de un “suicidio”, pero la autoridad responsable de indagar el hecho no ofreció una explicación puntual, de lo que el argot policial lo atribuyen a “la mecánica de los hechos.
La FGE y los oficiosos de las “exclusivas” sin fuentes de información, al apresurarse, solo ensuciaron la escena del hecho relacionado con la muerte del funcionario estatal.
Horas después la esposa de finado lamentaba la decisión de su esposo de privarse de la vida, pero llamó la atención, que de la nada, corrió la versión de una presunta “infidelidad” como el motivo del suicidio; ajá, y quién hizo tal revelación ¿el difunto? ¿en una carta póstuma?
Y respecto al modo, tiempo y lugar de lo ocurrido en el sótano 3 del estacionamiento del Centro Integral de Servicio (CIS) de Angelópolis, ni un solo resultado de la FGE, ni responsabilidad para los elementos de seguridad del estacionamiento más vigilado en el estado, por tratarse de la sede del titular del Poder Ejecutivo Estatal.
Las declaraciones apresuradas de la autoridad encargada y las versiones periodísticas digitales por encargo, sólo contribuyeron a la opacidad de un hecho lamentable, que solo alimentaron versiones sin fuente y generaron escepticismo infundado.